miércoles, 7 de diciembre de 2016

Reencuentro

A veces la vida da tantas vueltas para acabar en el mismo punto, que ni sabes cómo lo hace.

Esa mañana no estaba yo en mi mejor momento. Mala noche, algo de frío, y poco descanso durante la semana, pero me puse mi mejor cara, y me fui a trabajar, aún teniendo que madrugar un poquito más que el resto de días. Sarna con gusto no pica, dicen por ahí.

Respecto a lo que eran "mis labores", terminé pronto. Es lo que tiene formar parte de un equipo en el que tienes que actuar antes de que lo hagan los demás, preparar el terreno y luego, hasta pasado un tiempo prudencial, no es necesario revisar si hace falta retocar algo.

Cuando llegó el segundo equipo, algo me resultó familiar, pero no fui capaz de reconocerte, por eso me alegré tanto cuando tú te acercaste y me diste datos tan concretos que pude dibujar una fotografía en mi mente, y retrotraerme hasta hace 8 años, cuando trabajamos juntos durante unos meses. Fue muy bonito ese breve reencuentro, porque te tengo mucho aprecio. Confiaste en mí sin conocerme, y me hiciste muy fácil el camino en un momento en el que mi vida hacía juegos malabares, y mi tiempo era caótico.

Sin embargo, me apenó ver ese halo de tristeza cuando hablabas de lo que habías conseguido en ese tiempo; o, mejor dicho, de lo que no habías conseguido, y considerabas aquello a lo que no habías llegado un posible "éxito".

Me encogió el corazón ver que, esa persona tan buena que me había encontrado una vez, se había dejado engañar por el convencionalismo y las voces externas, e intentaba justificarse. Me pregunto si realmente para ti eso era el triunfo, porque creo que no, y espero que alguna vez podamos hablar un poquito más, y descubrir qué es para ti el éxito, y, sobre todo, valorar lo que sí has conseguido, lo que tienes en tu vida, y todo aquello que te hace sonreír.

Un abrazo, compañero.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Los 40

Hay mucha gente que se agobia con la llegada de su cumpleaños número 40. Es como si se les agotara el tiempo, y como si tuvieran que demostrar al mundo que se merecen ser respetados, pese a llegar a tan ignominiosa edad, por haber hecho las cosas bien, cumplir con determinados cánones y buenas costumbres, y poder lucir méritos en su medallero personal.

Sin embargo, no es tan fiero el león como lo pintan. Es más, para mí fue un momento de catarsis liberador.

Fue cumplir 40 años, y es como si me quitaran una mochila de encima, pese  que mi vida no es, ni ha sido, ni será, algo parecido al convencionalismo.

Se me fue toda la tontería de golpe, me dejaron de preocupar temas que, durante años, incluso décadas, ocupaban gran parte de mi tiempo y mi energía. El no estar perfecta, el cumplir ciertos protocolos para agradar en determinados ambientes, el emitir opiniones dispares que sabía de antemano que no eran lo que se esperaba y que, incluso, podría crispar los nervios de algún enfermo de susceptibilidad, pasaron de ser motivo de estrés a ser motivo de diversión. Tampoco es que buscara una posición políticamente incorrecta, pero dejé de fustigar mi propia naturaleza, de por sí, irreverente y rebelde.
De estar pendiente de pasar revista y que me aprobaran, pasé a ser yo la que buscara la reacción ajena, y aceptarla, fuera la que fuera.

No es que me haya preocupado mucho el cumplir con la expectativa ajena sobre mi persona, pero a todos nos gusta ser aceptados, y, a veces, invertimos demasiado esfuerzo en querer colarnos en una fiesta en la que, seamos honestos, sabemos que nos vamos a aburrir soberanamente. Llegar a los 40 también fue elegir el barecito de enfrente, mucho más sencillo, y con un ambiente más ameno, a ese club de pacotilla y humo.

Te vuelves más natural, más sincera contigo misma, eres tu mejor amiga, te entiendes más, te aceptas tal cual eres, y te ríes de tus propias miserias. La relación con tu cuerpo se torna más relajada, más amable, y piensas en cuánto daño te has hecho a ti misma, prohibiéndote determinadas cosas, y castigándote cada vez que te saltabas unas absurdas normas autoimpuestas. Aprendes a divertirte con tus propios defectos, y a mejorar lo que se puede mejorar, con sensatez, y, sobre todo, porque tú quieres, pero no porque no te sientas bien por no ser ya como te gustaría llegar a ser.

Tus relaciones con los demás tampoco escapan a ese cambio. Seleccionas más, haces limpieza de armarios, y, pese a que sigues abierta a conocer a nuevas personas, no le abres la puerta de par en par a cualquiera, aunque puede que sí se la cierres a algunas viejas amistades que dejaron de serlo hace años.

Asumes tus pasos, incluso los erráticos, y tus decisiones. Aceptas que te equivocaste, y hasta puedes encontrar alivio en no sentir la necesidad de disculparte o reparar ciertas cosas. Hay circunstancias que prescriben por sí mismas, lo hecho, hecho está, y no hay más vuelta. Pasó, y ya. Ahora es cuando comienzas a caminar sin lastre. Si otras personas quieren seguir enredadas en esa madeja, es asunto suyo, no tuyo. Si quieren aclararlas, y te apetece, perfecto, hazlo; si no, deja clara tu posición, con calma y educación. 

Has llegado a respetarte y a verte, que no es moco de pavo.Y, lo más bonito, a dejar que te vean, sin miedos, sin filtros, sin tapujos. 

Quien quiera caminar contigo, será bienvenido. Quien te reclame deudas antiguas y critique tu nueva actitud, no merece espacio en tu vida. Recuerda, el reloj sigue avanzando, y tienes muchos cosas que descubrir aún en tu propia compañía, ahora que, por fin, la has encontrado.

¡Felices 40!

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cuando pude volver, y no quise.

Todos tenemos una historia. En ella, hay un momento clave, una fase que hemos vivido de una forma intensa y especial, que nos hizo grandes y pequeños a un tiempo, que nos marcó tanto que siempre recordamos, se cuela en nuestros sueños, y se torna atemporal, porque ni siquiera piensas en si pasaron años o días desde que tocó a su fin. Siempre está ahí, contigo.

Paro la vida continúa, y, aunque de vez en cuando mires atrás, o ella te toque el hombro para llamar tu atención, sabes que ya no está. A veces, sólo a veces, te gustaría volver a vivir un ratito en ese escenario, pero sabes que la emoción, que la vivencia, no será la misma, porque tú ya no eres la misma persona. Tu mundo ha cambiado, y tú con él.

Lo curioso es que no eres plenamente consciente de esto hasta que, un día, se plasma ante ti una realidad que te permite dar ese salto, volver a hacer aquello que te llenaba, volver a vivir, brevemente, un retal de esa manta de sueños. Sólo entonces te das cuenta de que ya no estás allí, de que ya no eres quien eras, de que ya no quieres lo que querías, y de que prefieres seguir evocando tu recuerdo idealizado a crear una nueva galería de fotos a base de un esfuerzo que, siendo honesta, no te merece la pena.

No puedes bañarte dos veces en el mismo río. No puedes volver al lugar donde fuiste feliz. Pero, quien tuvo, retuvo, y puede seguir soñando.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Diarios

Escribe. Aunque sea una basura, pero escribe.

Eso decía el personaje de un profesor en una película que pretendía ser de humor, pero que, al final, trataba de miserias humanas, de aceptación, y de cambio.

Tenía la teoría de que, cuando empiezas a escribir en un diario, la primera semana sólo escribes tonterías, cosas sobre los demás.
Lo interesante llega cuando ya has adquirido el hábito y te sientes cómoda hablando de temas más íntimos, con más contenido, y que, realmente, sirven de purga personal, que, al fin y al cabo, es para lo que se destinan los diarios; al menos, los de los adultos.

Recuerdo haber tenido algún diario de niña, como recuerdo haber medido muy bien qué escribía en él, por si lo encontraban. Prefería memorizar mis vivencias a dejarlas libres, por ahí, sin control.
Desde el punto de vista de un adulto, seguramente eran cosas sin importancia, pero, para mí, era mi mundo y su drama, y no estaba al alcance de cualquiera que pudiera manipularlo y hacerme daño. A mí, o a alguno de los míos.

Sin embargo, siempre he buscado algún medio de expresión, y he recurrido a diferentes técnicas para expresar aquello que me nacía, ya fuera basado en hechos reales o no.
El blog es una buena forma de hacerlo, aunque, lo queramos admitir o lo neguemos, las nuevas redes sociales se van comiendo este tipo de publicaciones.

Creo que todo tiene su espacio y su función, y que todo puede convivir.

Por otro lado, tampoco busco que este blog sea mi diario, sólo quería escribir hoy.
Recuerda: Escribe, aunque sólo sea por placer.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Cuando no estás

Cuando no estás, no estás, y punto.
No te encuentras, no estás cómoda, no tienes la cabeza ni aquí ni allí, y en todas partes a la vez.

Todo te sobra, todo te falta, el tiempo va más rápido que tú, tus tareas no cunden, y Cronos se burla de ti, te saca la lengua mientras te rebasa sin despeinarse, y al tiempo que intentas disimular tu cara de pasmo, tratas de averiguar dónde se fue tu día.

Estás inquieta, hiperactiva y sin ganas de hacer nada al mismo tiempo. Con ganas de correr y de esconderte bajo la manta y no moverte a la vez. Vivo sin vivir en mí, que decía la Santa.

Así que, como no estoy, me voy. A dar una vuelta, a pasar la tarde conmigo, a charlar profundamente con mi interior, o a acompañarme en silencio mientras dejo que todo siga su curso.

Vuelvo enseguida. El domingo, para más señas.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Mudarse sin moverse.

Me he mudado. Al menos, esa es la sensación que tengo.
No he cambiado de casa, pero me he mudado.

Muchos vecinos que estaban han dejado de estar, y ahora hay otros muy diferentes a los que apenas conozco de vista. No es que a los otros los conociera mucho más, salvo notables excepciones, pero el cambio en la configuración humana, se nota.

Ese cambalache ha traído también un escenario diferente, ya que las terrazas y zonas externas han cambiado de aspecto, y, en muchas ocasiones, no para bien, precisamente. Pasar de ver un jardín precioso a una terraza con dos sillas y una bolsa de basura es deprimente.

Los sonidos tampoco son los mismos. Hay otros idiomas y otras voces, otra forma de hablar, y hasta otro volumen, no siempre cordial, o no siempre oportuno.

Muchos de los locales de negocio de la zona que llevaban años, o han cerrado, o han cambiado de propietario, o han abierto otra cosa en el cerrado, o un poco de cada. Por lo tanto, hasta mis costumbres de compra se han modificado por arrastre.

Por si esto no fuera suficiente, las obras urbanísticas, que dudamos terminen algún día, están transformando nuestras calles, dándoles un aspecto con poco sentido para el tipo de zona que es, y eliminado muchas zonas de aparcamiento sin crear una alternativa al respecto. Sí, las aceras son más anchas y modernas, pero cuando los edificios son, en su mayoría, antiguos, y no tienen plaza de garaje, es como para sentarse con quien ha diseñado este plan y preguntarle seriamente si tan siquiera se ha dado una vuelta por la zona antes de modificarla.

El ámbito laboral no se ha librado. De la noche a la mañana, me he topado con un nuevo equipo de trabajo que, como previamente trabajaba unido, te considera a ti la nueva, y ha habido que hacer un trabajo de adaptación mutua que nos ha llevado más de un mes;aparte, los temas inherentes al desarrollo de la labor que, más o menos, parecen haberse encarrilado hará 4 días exactos.

Si a todo esto le añadimos temas familiares que hacen que la configuración existente se resquebraje y cause inestabilidad y una creciente sensación de desconcierto, os puedo decir que tengo la incómoda impresión de haberme mudado sin moverme, por apurar, ni de mi habitación.
Y lo peor es que ni quería hacerlo, ni me gusta. Vamos, que me han mudado sin permiso.

A ver si acaban de colocar los muebles, y empiezo a ponerlos yo a mi gusto, porque con tanto movimiento, me mareo.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Dormir más, y el sentimiento de culpabilidad

Basta que diga que tengo ganas de escribir y de contar cosas, y que se me líe la madeja y no pueda aparecer por aquí en más de un mes. Así que creo que lo haré por sorpresa, y así despisto al hado travieso que se entretiene en jugar conmigo y con mi blog.

Ahora mismo hay una campaña que invita a los adultos a dormir una hora más, porque resulta que eso que nos decían desde niños, que hay que dormir 8 horas al día, nos lo pasamos, con creces, por el arco de triunfo; y ya no hablo sólo de adultos, que si nosotros necesitamos 8 horas, los más pequeños, que se están formando aún, necesitan más, y cada vez veo más críos sin horarios determinados de sueño, acostándose casi a las 12 de la noche, y trasnochando con sus padres hasta las 2 o las 3 de la mañana cada vez que se tercia.

O yo soy muy antigua, o algo se nos está yendo de las manos.

El tema del sueño es más importante de lo que parece, es nuestro tiempo de recuperación, de que el cuerpo haga balance de lo que ha sucedido durante el día, se re-equilibre, y repare lo dañado; pero, si confundimos dormir con no hacer nada, con perder el tiempo, es lógico que, cuando alguna vez le cogemos más cariño a la cama de lo normal, hasta nos sintamos culpables, en vez de pensar que quizá hemos excedido nuestras fuerzas, y que nuestro cuerpo nos esté pidiendo un poco más de calma.
Pero no, hay que rendir, hay que ir a tope, hay que hacer mucho y dormir poco, hay que ir hasta arriba de café y de excitantes que nos permitan aguantar, y si nos da la bajona, una pastillita, y a seguir, no sea que nos llamen flojos.

Pues ustedes me van a perdonar, pero yo, si tengo sueño, me voy a dormir. No tengo que demostrar nada a nadie, ya sean las 10 o las 12 de la noche. Y mira que no soy dormilona, pero si tu cuerpo te pide siesta, siesta le tienes que dar. O atente a las consecuencias.

#Duerme1HoraMás Por ti, por tu corazón, por tu cerebro, por tus tejidos, ...porque te lo mereces.