miércoles, 22 de febrero de 2017

Permítame que no me presente

Odio profundamente redactar un curriculum, y, más aún, tener que explicarlo.
Me parece algo absolutamente desfasado y obsoleto, y no habla de la persona que eres, sino de quién eras, y que puede que ya no seas.

Parece que hubiera que acumular cuanto más pasado, mejor, y lo que debería interesar es el presente y el futuro que puedes crear, y que quieres crear. Te obligan a hablar de alguien que ni existe, porque tienes que hacer memoria de las motivaciones que te llevaron a hacer tal o cual cosa, o incluso a tener que entrar en detalles de por qué en un momento de tu vida aceptaste un trabajo que no liga demasiado con el resto de tu presentación.

Es más, si tienes un curriculum demasiado variado, en vez de ver que eres una persona inquieta y versátil en conocimientos y aptitudes, interpretan que eres inestable.
¿Qué buscan, robots?

Creo que por eso, cada vez que tengo que ir a una entrevista de trabajo ya lo hago con desgana y con un pie en la puerta. Sorprendentemente, hasta me contratan muchas veces, lo cual quiere decir que hay quien es de miras abiertas.

Estas presentaciones también me aburren soberanamente cuando entro en algún nuevo grupo y hay que empezar a explicar quién eres, de dónde vienes, y demás mandangas.
Oígame, señor, el tiempo es algo que no voy a recuperar, y se lo estoy dedicando. Agradezca el gesto, igual que lo hago yo con usted, y ya nos conoceremos desde hoy hacia delante. Hacia atrás, sólo para entretenernos con alguna batallita.

domingo, 19 de febrero de 2017

La Familia es lo Primero

Todo cambia en esta vida. Hasta la familia.
Y no porque alguien deje de serlo, o porque fallezca, que también, sino porque a veces llegan nuevos miembros, y hay que redefinir posiciones.

No nos damos cuenta, porque nosotros seguimos siendo los mismos, seguimos viviendo de la misma manera, y nuestras rutinas no han variado, hasta que algo sucede y te pone con los pies en la tierra, de golpe y porrazo.

Cuando un nuevo ser, o dos, o los que sean, comienzan a compartir su vida contigo, aunque en teoría lleves la voz cantante, debes conocerlos, debes darles su espacio, descubrir sus manías, gustos, y peculiaridades; pero, sobre todo, es importante atender a sus zonas oscuras, a aquello que les asusta o les hace sentir mal, a memorias que desconocemos pero que existen y les generan ansiedad.
Nuestra misión es proporcionarles un entorno seguro, sobre todo a nivel emocional.

Cuando eso sucede, te das cuenta de que hay niveles de familiaridad y prioridades, y que incluso puede que tengas que tomar medidas dolorosas, al menos durante un tiempo prudencial, que proteja a tu nueva familia de la que ya lo era, y a la antigua de la nueva, porque el encontronazo genera tensiones y malestar en ambas partes, y es mejor que sacrifiques tú un poco más de tiempo, y hasta de espacio, y busques una forma alternativa de reunir a las dos ramas cuando sea el momento propicio para que el trauma sea mínimo, a que todos tus seres queridos sufran y acumulen nuevas cicatrices internas.

Lamentablemente, solemos darnos cuenta después de la colisión, y luego hay que recuperar terreno; pero, con cariño y paciencia, se logra.

jueves, 16 de febrero de 2017

Mi Amiga SuperWoman

Tengo una amiga a la que quiero, respeto, y admiro a partes iguales. Es una fuera de serie.
Ella solita lleva un trabajo que requiere de disciplina, mano izquierda y mucha paciencia. Trata con personas muy dispares todos los días, y hasta tiene que bregar con algún burócrata de vez en cuando.

Además de eso, mantiene una casa, cría a dos niñas sanas y felices, comparte su vida con un hombre estupendo, cuida de su perrita ya mayor, y atiende a múltiples actividades lúdicas, unas en familia, y otras propias.

Hace ejercicio, se maquilla, se cuida, se interesa por la moda, lee, escribe, atiende sus redes sociales, va siempre estupenda, y parece que el cansancio no le afecta. Todo con una sonrisa y buen humor. Y tiene tiempo para vida social y familiar más allá del círculo más cercano.
Es la leche.

Me asombra cómo es capaz de llevarlo todo, en ocasiones hasta me agota, porque no consigo llevarle el ritmo, y eso me mosquea un poco; no con ella, conmigo, porque antes solía hacerlo sin despeinarme, y ahora se me hace cuesta arriba.

Dicen que es cuestión de organización y disciplina, pero yo creo que, detrás de eso, el motor es la motivación. Y parece que la mía para hacer ciertas cosas, o para hacerlas todas a a vez, se ha ido de vacaciones.

Supongo que tiene mucho que ver el que mi vida esté girando de la forma en que lo hace, y que mis prioridades vayan cambiando por días, y que son muy diferentes de las suyas, aunque las suyas me interesen, pero la vida no me da para más en este momento, aunque me gustaría.

Los propósitos que tanta fuerza tenían al comenzar enero se fueron por el desagüe al finalizar el mes. Y no es falta de ganas, es que los cambios de plano bruscos marean bastante.

 

domingo, 12 de febrero de 2017

Tú no lo sabes

Tú no lo ves, porque cada mañana sigo con mi rutina, porque me ducho, me peino, desayuno, y trabajo como suelo hacer.

Tú no lo sabes, porque maquillo mis ojeras, y hasta la línea de agua de mis ojos para que no se noten las noches de insomnio ni el llanto escondido.

Tú no te das cuenta, porque sonrío y gasto las mismas bromas y chistes como fórmulas aprendidas de socialización, que me sirven de barrera de seguridad para que los demás no se acerquen ni a mí, ni a mis circunstancias, porque hasta fingiendo soy veraz, pero es discurso hueco de energía.

Tú no lo percibes, porque el dolor es algo personal e intransferible, sobre todo cuando no se expone públicamente.

Tú no eres consciente de que cada día te cruzas con personas que tienen el corazón roto, que están muertos por dentro, por el mero hecho de que siguen caminando, como si nada hubiera pasado.
Pero pasa.

miércoles, 8 de febrero de 2017

El Tic Tac del Duelo

El duelo es un tiempo extraño de forma irregular y móvil.
Las horas pueden ser eternas. Todo te pesa, nada te distrae, todo te cansa incluso antes de ser capaz de prestarle ninguna atención.

Sin embargo, basta que quieras concentrarte en alguna tarea para que el minutero comience a correr de forma descontrolada. Todo te pasa por delante, y tardas más de lo que crees en terminar cada cosa que te ocupa; de tal modo que, llegado el momento de comenzar con aquello que era tu objetivo, no sólo es tarde, o lo suficientemente tarde, como para que no vayas a poderlo completar antes de tener que ponerte con otra historia, sino que estás agotada mentalmente.
Es como si te despertaras de una siesta con sobredosis de sedantes, o una mala resaca.

Parece que estás, pero no estás.
Te das cuenta en tu rendimiento, en la energía que te requiere todo, en que andas dispersa, y que tu tiempo, ese tiempo raro que te toca vivir, tiene un grave problema de arritmia en relación a tu compás.
Por inercia, volverá a sincronizarse, pero no hay plazos definidos ni garantizados, cada caso es único. Sólo queda esperar a que pase la tormenta, y las calles se sequen de lágrimas, calladas o no.

domingo, 5 de febrero de 2017

Luz de estrellas

fuente
Me pregunto si me estaré equivocando, si me he metido en algo más grande que yo, si es más el deseo de ver la luz al final del túnel que un pálpito real que me dice que habrá un felices para siempre; aunque lo de siempre sea un concepto relativo, porque, como dicen muchas teorías de señores muy estudiados y estudiosos, el tiempo es algo flexible, y no necesariamente lineal, como lo entendemos, pero eso son temas complicados y farragosos en los que prefiero no meterme hoy.

A veces, la vida te pone delante situaciones que crees entender pero que, una vez estás dentro, comienzas a descubrir que hay más aristas de las que parecía, y que desconoces más de lo que sabes, que la única forma de conducirte es el instinto, y palpando las paredes, que un paso adelante a veces puede significar dos atrás, para volver al mismo punto en unos días;  que la paciencia es la única herramienta de la que dispones, y que nada te garantiza el éxito en una tarea que deseas que salga bien, porque significa el bienestar de otro ser vivo que ha sufrido más de lo que imaginas, cuya confianza en otros individuos de tu especie está echada a perder, que le robaron la infancia, la ilusión, y la alegría, que no sabe lo que es jugar, que no entiende una caricia porque espera un palo, el abandono, o las dos cosas.

Me duele tanto imaginar lo que te han podido hacer, me gustaría tanto poderte devolver ese corazón alegre que te mereces, que no sé ni qué hacer para acercarme a ti y que entiendas que, aún con miedo, aún huidizo, aún desconocido, se te quiere, y se te va a querer, a cuidar, a respetar, a darte una vida digna, y ayudarte a olvidar todo ese dolor, esa soledad, y ese no entender qué hiciste mal para que la vida te tratara de esa forma cruel.

Déjame luchar por ti, déjame ayudarte. Déjame ayudarme, porque sé que traes una lección de vida para mí, y, probablemente, de las más importantes. Ayúdame a que te quedes conmigo.
Sé lo que es un corazón herido, yo también lo tengo repleto de cicatrices, pero es elástico, créeme, y con el amor se ensancha, se hace calentito, y se llena de luz, hasta el punto de que esas marcas acaban siendo sombras chinescas, vagos recuerdos, algo que está, pero que ya no duele ni importa.

Ayúdame a ver luz de estrellas en tus ojos.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Gallos y tiburones

Ahora que estrenamos febrero, puedo decirlo alto y claro: enero ha sido un mes de mierda. Con todas las letras. Pesado, lento, frío, antipático, y con una mala uva tan aguda como la puntería para dar golpes donde más duelen.

Por supuesto, ha habido momentos muy buenos y reconfortantes, pero la aridez ha sido la tónica predominante, y, una vez más, puedo decir lo que llevaba todo el 2016 relatando: ¡Qué harta estoy del dichoso Año del Mono!

El Año del Gallo no se perfila como un año fácil, pero, al menos, nos promete que, con paciencia y esfuerzo, tendremos recompensa, no como con el otro animalito, que parecía ejercer la maldición de Sísifo, venga hacernos arrastrar piedras cuesta arriba para nada.

Cuando tienes ya el ánimo tan agotado, y las fuerzas tan mermadas, es cuando realmente eres consciente de tus límites. Es en ese momento en el que entonas el "no puedo más", cuando haces un nuevo intento y te das cuenta de que sí puedes, de que hay más recorrido del que creías. Es en ese punto donde comienza realmente el reto.
Puedes rendirte justo antes de saltar la última valla, o seguir nadando hasta el final.

Yo soy fan de los tiburones, qué le vamos a hacer.