sábado, 10 de agosto de 2013

Dos segundos más.

Dos segundos.
Ese es el tiempo políticamente correcto que dos personas se quedan mirándose una a la otra tras terminar una frase. Pasado este tiempo, uno de los dos habla, o se mueve, o se va, o los dos se ríen,...o se quedan mirándose...y entramos en zona de conflicto.

Aún no sé qué fue lo que sucedió, ni cómo me di cuenta de que me había ido a vete tú a saber dónde a través de tus ojos mientras conversábamos y te sostenía la mirada. Ni siquiera soy capaz de recordar qué me estabas diciendo, y mira que tengo buena memoria.
Sólo sé que, de repente, regresé, que había estado dos segundos más de lo permitido por el protocolo en esa situación, y que seguías allí, también dos segundos más.

Fue extraño, y bonito, y confuso. Pero me gustó. Algo se movió y recordé que, pese a mi misma y contra todo pronóstico, sigo viva, y te encontré en mi regreso.
Gracias por estar ahí, por las risas, por la compañía, por la conversación, siempre buenas; pero, sobre todo, gracias por dedicarme dos segundos más.

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