viernes, 30 de agosto de 2013

La carta

-"Ha llegado la carta." - escuchó Mar decir a su compañera según entraba por la puerta.
- "¿Qué carta?" - respondió ella distraídamente mientras soltaba los bártulos que portaba.
- "La carta."

Mar vió entonces esa sonrisa pacífica, casi mística, en su rostro y se sentó, esperando, no sabía bien qué, salvo algo más de información por parte de su partenaire.

Su compañera se sentó, mientras rememoraba las últimas 48 horas.
En realidad, la carta había llegado hacía dos días, pero no quería decirle nada a Mar hasta entender realmente cuál era el mensaje de dicho documento y, sobre todo, cuál sería su decisión al respecto. Habían pasado mucho tiempo juntas, habían peleado mano a mano en múltiples trincheras, y sabía que, pese a que Mar respetaría su decisión sin intervención alguna, podía afectarle.

Cuando encontró el pliego enredado entre otros papeles casi por accidente, lo tuvo que leer varias veces. Lo tenía delante de sus ojos, no lo podía creer. Llevaba esperándolo tanto tiempo que incluso había llegado a pensar que no era posible la noticia, ni de que la carta llegara, ni de que su contenido fuera el que era.

La leyó y releyó, pasó de la euforia a la angustia de pensar que la había entendido al revés. Volvió a releerla y a guardarla, calmó su ánimo, y tomó la decisión.

- "Dice que me puedo marchar".
- "¿Y qué vas a hacer?- preguntó Mar, intuyendo la respuesta. Conocía el deseo de su compañera desde que emprendieron esta, probablemente, última misión juntas.
- "He decidido disfrutar de cada momento y experiencia que me surja en el tiempo que me resta de permanecer en esta tierra hasta que llegue mi transporte. Tampoco sé lo que tardará en llegar, pero al menos sé que lo hará".

Resonaban en la cabeza las palabras que había oído una y otra vez desde que se encontraron en las extrañas circunstancias que les había tocado vivir. Sabía lo que eso significaba, y esperaba la sentencia final.

- "Vuelvo a casa."

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