jueves, 15 de agosto de 2013

Pensar de más.

Llevo unos días bastante acelerada a nivel mental.

Por lo general, suelo controlar bastante que no se me recaliente el disco duro con tonterías.

Tras años de entrenamiento, he conseguido detectar cuándo entro en bucle o me quedo colgada en una idea o pensamiento poco productivo, absurdo, irreal, a veces hasta destructivo, o de pasado-presente-futuro imposible, y darle al botón de desconectar; pero esta semana debe ser que algo en el sistema ha conseguido hacer cortocircuito y me tiene saltando de pensamiento en pensamiento de forma compulsiva y me distrae mucho. Y me molesta mucho.

Lo primero, porque sé que son pensamientos que no llevan a ningún sitio y que no tienen ahora mismo solución factible por mi parte. El tema sobre el que versan es algo que no está, en principio y de momento, en mis manos; por tanto, hay que dejar que las cosas fluyan y se vayan recolocando; bien para que lleguen a una conclusión por sí mismas, bien para que lleguen a algún punto donde sí haya posibilidad de intervención. Y esa intervención se la debe plantear un@ cuando llegue el momento. No antes. El presente es el único momento en el que podemos actuar y en el que debemos estar plenamente.

Lo segundo, porque algunos de ellos son auténticas bobadas, viejos fantasmas que un día me asustaron pero que desterré al olvido. Ya hemos madurado. Todos. Los fantasmas y yo. Es como ver la reposición de una mala película. ¿Masoquismo? Estupidez, diría yo.
Menos mal que les hago el caso justo para darme cuenta de que están ahí y mandarlos al garete sin billete de vuelta.

Lo tercero, porque consumen energía, mucha, y hace calor, y no me apetece gastar energía en cosas que no valen la pena. Optimización de recursos al poder.

Lo cuarto, porque me irrita que algo que no merece mi atención me descentre y ocupe mi tiempo. Me gusta estar centrada, incluso en mi tiempo libre, aunque sólo sea para limarme las uñas. Por cierto, ya me toca (darle un repaso a las uñas, digo)

Y quinto, porque aquí me tenéis disertando sobre pensamientos que no hacen más que estorbar y que son el centro de un post.
Regalarle una portada a quien no tiene mérito me enerva.

4 comentarios:

  1. Tendrías que explicarme un día como lo hiciste, lo de entrenar la mente para no obsesionarse con tonterías. Yo soy muy propensa a los pensamientos en bucle, sobretodo en épocas de estrés, y las dos sabemos como termino... El caso es que ni con toda la fuerza de mi voluntad (que tampoco es mucha, para qué engañarnos) consigo evitarlo... Con lo fácil que debería ser despeocuparse y vivir el momento!
    Besos

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    1. Supongo que más por experiencia personal (que no te deseo, por otra parte, porque el aprendizaje es grande, pero el proceso es muy duro) que por otra cosa.
      Sólo te diré que se trata un poco de no convertir "el problema" en el centro de tu universo, no dejar que domine todo tu pensamiento, sino que forme una parte más del todo, y la darle importancia cuando proceda.
      Imagina que tienes un recipiente lleno de objetos dentro de una urna, e incluye una pelota, en ese momento desinflada, en ella.
      Esa pelota representa el problema potencial, y el resto de los objetos otras cosas de tu vida: aficiones, tiempo, pareja, amigos, familiares, comidas, etc.

      Imagina ahora que esa pelota está conectada a una bomba de aire que sólo se pone en marcha cuando le prestas atención. Esa bomba es tu energía.

      La pelota se va hinchando más y más a medida que te fijas en ella, y, cuanto más hinchada está, más la ves, más energía consume, hasta que llega un punto en que empieza a desplazar a los otros objetos de esa urna. Y no solo los desplaza, sino que los empotra contra el cristal, los empieza a deformar y, si sigues inflando la pelota, puede que consigas que todo estalle.

      ¿Me explico?
      Es un ejemplo un poco tonto, pero bastante visual.
      Se trata de no alimentarlo, de respirar pausadamente y apartarte lo suficiente como para que no sientas que le estás dando aire a la pelota. Cuando consigas esto, analiza fríamente el problema, como si no fuera tuyo, y posibles alternativas.
      También tienes que evaluar si tiene solución o si crees que, al menos en ese momento, no la tiene. Si es que no, has terminado tu tarea. Hay que aprender que el control es una ilusión y que no siempre podemos intervenir en el devenir de los acontecimientos, sólo afrontarlos.

      Si tiene solución, ponte a trabajar en ella cuando sea su tiempo. A veces es inmediata, pero a veces necesita de un tiempo previo a poder actuar. En vez de ponerte nerviosa, aprovecha ese tiempo para perfeccionar tu actuación en la consecución de las cosas.

      Y, sobre todo, recuerda que aquí estamos sólo un ratito, y que lo importante se reduce a muy pocas cosas, por no decir una: estar viva.

      También requiere que te deshagas de una frase que la gente suele repetirse mucho y que es una gran mentira: No Puedo.

      No Puedo significa No quiero, tú le estás dando una orden a tu mente.
      Cuando te oigas, aunque sea mentalmente decir eso, cambia la frase.
      Puedes comenzar con un "Ahora mismo no se me ocurre cómo solucionarlo". Sólo con eso, dejas la puerta abierta, también para ti, para que fluyan ideas productivas. Y te irás dando cuenta, paso a paso, de que puedes hacer mucho más de lo que crees y que, de lo que no puedes, tampoco importa tanto al final.

      Y mucha, mucha práctica, mucho respirar, mucho reírse de todo (pero sin sarcasmo), y buscar lo que te aporte cosas positivas. Al final, todo encaja.

      Espero que te ayude.
      Besos!

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    2. Tú siempre tan razonable, y con esos consejos tan buenísimos: tengo que hacerte un monumento!! La verdad es que es difícil aplicar lo que me comentas, sobretodo cuando se tiene mucha responsabilidad sobre ciertos temas y se es una persona muy pendiente de sus responsabilidades... esa precisamente soy yo!!
      No obstante, como tú bien dices, es cuestión de proponérselo y esforzarse. Me gusta lo de no decir nunca No Puedo, aunque eso, en ocasiones, puede significar asumir más de lo que se puede abarcar.
      Un abrazo y gracias por tus consejos.

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    3. Todo es relativo, aún con responsabilidades. Lo que se puede se hace, y lo que no, que se espere. Punto.
      Lo del no puedo es hacia ti, no hacia los demás.
      No confundas los términos. A veces un "No" a tiempo es lo mejor que puedes decir.
      Respeta tu espacio y los demás también lo harán.
      Un besazo, guapa!
      Y sin prisas, poco a poco.

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