domingo, 29 de septiembre de 2013

Juana

Recuerdo la primera vez que la vi.
Estaba esperando que cambiara el color del semáforo para continuar mi marcha. Volvía de trabajar y mi mente estaba distraída, pensando en la riqueza de color que vemos cada día y que tan poco apreciamos, incluso en lo curiosas que son las mezclas genéticas y lo exóticas que resultan algunas personas "como esa chica", dijo una segunda voz dentro de mi cabeza.

Miré al frente y me topé con una mujer menuda, morena, con unos rasgos especiales. No era exuberante, deslumbrante, despampanante, ni ningún otro -ante que haga que te gires para mirarla; pero, sin duda, tenía algo diferente.

Desperté de mi análisis tras la cámara de 180 grados que comprende el ángulo de visión humana cuando me dí cuenta de que sus ojos estaban fijamente mirando a los míos y sonreía dulcemente, como si me saludara. Devolví el saludo silencioso, y cada cual siguió su camino.

Me pareció una anécdota sin la menor importancia, hasta que, unos días más tarde, me volví a encontrar con ella. No sé por qué había pensado que esa joven mujer y yo no nos cruzaríamos de nuevo, pero me equivocaba. Resulta que trabajaba en una tienda multiprecio de mi barrio regentada por un matrimonio oriental y sus hijos.

La verdad es que me sorprendió mucho encontrármela allí. Yo iba mucho por esa tienda y jamás la había visto, o, al menos, no recordaba verla, y mi memoria es bastante buena.
Pero lo que más me descolocó es que ella me reconoció a mi antes que yo a ella; y me chocó porque yo iba con un casco integral que sólo dejaba ver los ojos y la nariz.

Ella estaba en un pasillo, tras unos escalones que daban acceso al área al que me dirigía. Se paró, me miró, y me volvió a sonreír, igual que en el cruce del semáforo. Y volví a corresponder al saludo, pensando en si de verdad me había conocido, o sólo es que era así de amable con todo el mundo.

Desde entonces, nos hemos visto varias veces, seguimos con el mismo ritual: mirada, sonrisa, y cada cual continua con su plan.

A lo largo de las diferentes visitas a la tienda, he ido captando más información sobre ella.
Sé que su nombre es Juana porque oí llamarla así a la dueña del establecimiento en más de una ocasión. Un nombre sencillo, fuerte, incluso con un matiz más masculino que femenino, hasta pasado de moda en nuestro país. A mi eso, en contraposición con lo que iba descubriendo, y lo exótica que me parece esta mujer, me resulta aún más intrigante.

Es morena, de piel y de cabello, pero no llega a ser mulata, al menos, no lo parece. Por su acento, diría que su origen está entre México y Colombia. Incluso me arriesgaría a decir que más en el segundo lugar que en el primero por la suavidad de su entonación las poquitas veces que la he podido oír hablar. Siempre son frases cortas, así que aún estoy intentando averiguarlo.

Su cuerpo es menudo, no tiene formas rotundas, incluso cabría pensar en que tiene esa mezcla de fuerza y delicadeza típica de las bailarinas de danza clásica, que parece que se van a romper con un golpe de viento y después te levantan un piano en vilo sin soltar ni una gota de sudor.
No sé si se dedica a bailar, o alguna vez lo hizo, pero me encantaría descubrir si le da al clásico o a tribal, al baile deportivo, o a la danza urbana. O si nunca ha bailado.Pero me extrañaría.

Esa menudez contrasta con su cabellera espesa, negra y ondulada, con cierto toque salvaje, al igual que su mirada, oscura y profunda, enmarcada por unas cejas espesas y rotundas, pero perfectamente delimitadas.

Juana es todo un misterio.
Contrasta fuerza con dulzura, exotismo con la extrema sencillez, novedad con tradición. Y tiene raza, mucha raza. Es una extraña flor en medio del asfalto.

10 comentarios:

  1. A veces pasa. Ves a una persona desconocida y una simple mirada provoca una conexión inmediata. Sin ninguna explicación lógica. Esas conexiones suelen desembocar en algún tipo de relación, amistad o lo que sea, en cuanto alguna chispa salte.
    Saludos.

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    1. No siempre desembocan en algo. A veces la experiencia misma es todo el viaje ;)

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  2. Es conexión! Y qué bonitos son esos misterios como los que Juana tiene.
    Un besazo.

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    1. Sí, sin duda es algún tipo de conexión.

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  3. hay personas que tienen imán y te capturan si o si... ya nos iras teniendo al día de los nuevos descubrimientos... que me intriga

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    1. Es lo que tienen los misterios, que intrigan ;)

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  4. Esa es una sensación genial.
    ¿Para cuando un acercamiento verbal?

    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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    1. Encantada de saludarte, Pérfida.
      No lo sé, cuando surja, como todo lo demás ;)

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  5. Cuantas cosas podemos, o creemos poder averiguar de una persona solo con observarla durante un rato.

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