jueves, 5 de septiembre de 2013

La reunión

Ni siquiera sé cómo llegué allí, pero estaban todos. Revueltos y mezclados. No tenía ni idea de que se conocieran entre ellos, ni de cómo se habrían podido organizar, pero la noche prometía.

Muchas risas, mucha gente, muchas conversaciones intrascendentes a medias, y un ánimo festivo que lo invadía todo.

Poco a poco, según se fueron haciendo grupitos, según conseguía tener alguna conversación algo más privada con algunas de aquellas personas, fueron saliendo viejas cuitas, antiguos reproches que, en un primer momento, quizá por la emoción del reencuentro, habían quedado solapados bajo el sentimiento de alegría colectiva.

Recuerdo haberme fijado en Luisem, a quien le seguía gustando ser el centro de atención, mostrando un cuerpo atractivo, fuerte y poderoso, y exhibiendo la redondez de sus glúteos, a juego con la de su cabeza, mientras se marcaba un extraño baile con un ser más extraño aún. "Pf, me aburrre", pasé a otra cosa. Ya poco le podía reclamar. Además, siempre había sido así, lo que pasa es que ahora ya no me daba ni frío ni calor.

También me extrañó encontrarme con mis amigas Flor y Kara, ambas tremendamente ocupadas siempre, sin tiempo ni para ellas mismas, ni, por supuesto, para desplazarse hasta mi ciudad, ya que ambas vivían fuera y ninguna en la misma localidad.
Me gustó verlas, aunque apenas pude cruzar un saludo con ellas, ya que la turba me desplazó hasta otra sala donde, por arte de birbibirloque, me encontré en un espacio en el que, por fin, tenía autonomía de movimiento; y, entonces, vi algo que me paralizó.

Me encontré con una melena lisa de color fuego y unos rasgos de belleza clásica, tan pulidos que parecían irreales. Reconocía ese rostro: Valeria.

En cuestión de segundos, esa mujer de dimensiones diminutas, pero perfectamente equilibradas, me alcanzó y me dio un fuerte abrazo.
Hacía tanto que no la veía, quería preguntarle tantas cosas, me sorprendió tanto verla, que fui incapaz de emitir sonido alguno.
- "Tienes que darte prisa, nos queda poco tiempo"- me dijo; y, sin darme opción a responder, a intentar averiguar de qué me hablaba, tal como llegó, se fue, como una exhalación.

De nuevo me arrastró la corriente hacia la sala principal, de donde algunos ya se marchaban. Busqué con la mirada aquella cabecita roja, pero no la encontré; así que aproveché que había quien iba en mi misma dirección parte del camino y abandoné la fiesta.

Por fin me quedé sola el último tramo, y decidí tomar un atajo para llegar a casa. Fue entonces cuando me di cuenta de que ni siquiera iba vestida para un evento como en el que había estado, salvo que hubiera sido una fiesta de pijamas, o una reunión informal tras una sesión de ejercicio, pero nadie pareció notarlo. Al menos nadie me dijo nada. Ya daba igual, de todas formas.

Seguía pensando en Valeria, en dónde podía haber estado todo este tiempo, qué había sido de ella, cuál era su historia, por qué estaba allí, y, sobre todo, qué querría decir con esa frase. ¿Prisa en qué, para qué?¿a quién incluía ese "nos"?¿Estaba ella en esa forma verbal?¿estaba yo?¿se refería a un grupo?¿a cuál?¿por qué?...Nada me encajaba.

Necesito hablar con ella. Necesito verla otra vez.
Y tengo que darme prisa.

5 comentarios:

  1. Ya sabes que tengo tendencia a la mirada sucia... y aquí veo yo una tórrida historia con Valeria... muy tórrida... vamos, como que estoy por apuntarme :)
    Feliz finde, guapetona

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    1. Sí Dina se apunta yo también.

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    2. Jajajaja! Eres temible, Dina, lo tendré en cuenta ;)

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    3. Enol, me parece que no. No eres tú quien decide las condiciones.

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    4. Ya... era por si sonaba la flauta. :)

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