miércoles, 30 de octubre de 2013

¿Tienes tos? Come chocolate.

No, no es ninguna broma. El chocolate es cosa seria.
Os cuento.

Resulta que hace un par de meses, esta que suscribe, se resfrió, y le dio por toser como si fuera a sacar todos los demonios del averno directamente desde sus entrañas.

Estaba constipada y era hasta casi lógico toser. Lo que ya no es tan lógico es que, 2 meses después, de vez en cuando me arraque por bulerías tosferiles y tenga un ataque de tos que no hay forma de parar -hasta que la tos quiera-.

Como consecuencia, mis seres cercanos me dieron las mil y un trucos para solucionarlo; trucos que probé y no funcionaron; y, ya bajo presión, me vi obligada a visitar a mi médico de cabecera. Más que nada, para que descartara cualquier problema, porque la menda lerenda no estaba -ni está, tras ver lo que me recetaron- dispuesta a tomarse ningún químico procesado por amor al arte.

Efectivamente, mi organismo está bien, sólo es tos, pero la tos hay que cortarla. ¿Y cómo la cortan mis amados facultativos? Con codeína, un derivado de los opiáceos. Que yo no digo que no sea eficaz, pero es que lo de tomar medicación, y más de este tipo, no va conmigo.
Cada cual que meta en su cuerpo lo que crea conveniente, pero yo prefiero buscar alternativas más naturales, menos dañinas, menos agresivas, y, en vista de lo que encontré, más apetecibles.

Estuve navegando un rato hasta que di con varios resultados en los que se decía que el chocolate, gracias a la teobromina que contiene, es un antitusivo muy eficaz, sobre todo en la tos persistente. ¡Mi caso!
De haberlo sabido antes, me hubiera ahorrado la visita al médico, que es muy maja, pero me da perecita.

Así que, ya sabéis, cada vez que os dé tos, un trocito de chocolate para el cuerpo. Un trocito, no toda la tableta, que nos conocemos.

Por cierto, si es puro, mejor, ya que los lácteos generan mucosidad. Avisados estáis.

martes, 29 de octubre de 2013

El cartero-cartero, siempre llama dos veces

Sí, cartero-cartero.

A todos nos suena la frase, extraída de la película del mismo título, "el cartero siempre llama dos veces".
Incluso al señor que trabaja en correos y que me trae la correspondencia desde hace un par de meses le suena.

Bueno, a uno de ellos, el cartero-cartero, porque nos los van alternando (digo yo si estarán jugando al correturnos en el servicio postal, que no me extrañaría nada); lo que pasa que, para mi, que este hombre ha confundido un poco lo de llamar dos veces y lo sustituye por auto-anunciarse de forma doble, y tocar el timbre una. Siempre.

Así que ahora, cuando llaman al telefonillo, lo más habitual es que se desarrolle la siguiente escena:

¡Tuuuuuuuuuuuuuuuuui! (onomatopeya de un timbre, cada cual le ponga el sonido que quiera)
- "¿Quién?"
- "¡Cartero-cartero!"
 ¡TRrrrrrrrrrrrrrrrrrrr! (otra onomatopeya de portero automático cuyo soniquete elige la imaginación propia)

- "¿Quién ha llamado?"
- " El cartero-cartero".
- "¿El cartero-cartero, o el cartero?"
- " El cartero-cartero. El cartero vino ayer".


Y no, de escenas cochinas nada, mentes sucias.

lunes, 28 de octubre de 2013

De luces y sombras

- "¿Las echas de menos?"
- "¿El qué?"
- "Las luces."
- "Las luces brillantes esconden sombras profundas."

domingo, 27 de octubre de 2013

Tablas

Volví pronto a casa.
Pronto para haber quedado tarde, pero hay momentos que no dan más de sí, y es mejor no forzarlos. No siempre podíamos estar igual de inspirados, pero habíamos tenido nuestra ración de risas y de complicidad, pese a la extrañeza.

-"¿Qué tal ha ido?"- me preguntó Mar.
- "Bien"- respondí sin mucho entusiasmo.
- "No te veo yo muy convencida".
- "Bien, normal, no sé, tampoco voy a venir dando palmas.Bien, punto."
- "Bueno, vale, no tienes ganas de hablar".
- "No es eso, es que no sé qué quieres que te diga, déjame llegar, ¿no?"
- "Pensé que ibais a comer juntos"
- "No, ¿por?, no te dije nada de eso en ningún momento."
- "Ya, pero como quedasteis más tarde..."
- "Quedamos más tarde porque teníamos cosas que hacer antes, pero vamos, que en ningún momento se insinuó nada de eso, ¿eh?"
- "Ya, ya, que me hice yo mi película"
- "Oye, podría haber sido, pero no. Así comemos juntas nosotras."

Mientras hacíamos la  comida, comencé a darle vueltas en mi cabeza a todas las conversaciones de aquella mañana.

Me quedé con todo su batiburrillo mental ante los cambios que tenía pendientes y el viaje que se había marcado para ver a su amiga. Ya me la había mencionado más de una vez y parecía ser eso, una amiga, pero tampoco descartaba que tuvieran una relación más carnal de vez en cuando.

No podía culparle ni recriminarle nada, él era un hombre libre, y no habíamos establecido ningún tipo de acuerdo entre nosotros. Además, entendí ese viaje nada más mencionármelo. Era la respuesta al que yo finalmente no había hecho un par de semanas antes, pero que le dije que haría en nuestro anterior encuentro.

Tenía mucho cuidado cuando le hablaba de Víctor, jamás le había contado nuestra historia, pero él me conocía a veces mejor que yo misma y sabía -porque seguro que lo sabía- que no era un amigo más.

Supongo que pensó que el objetivo real de mi viaje era reunirme con él, aunque sólo era una parte  más del mismo, pero, lo que también es cierto, es que ni yo misma sé qué hubiera podido pasar entre Víctor y yo de haber ido. Así que, hubiera pasado algo entre Andrés y Marta o no, estábamos en tablas.
Como también estábamos en tablas con respecto a qué tipo de relación teníamos entre nosotros, a no hablar claro ninguno de los dos, y a taparnos los posibles puntos de conflicto con nombre de persona, aún sabiendo que el otro se daba cuenta de todo.
Era un extraño acuerdo tácito que mantenía la relación equilibrada. O estancada, que decía en tiempos mi profesor de física.


sábado, 26 de octubre de 2013

Por la espalda

Apagó el despertador y, tras remolonear 5 minutos más, decidió levantarse por fin.

Al sentarse en la cama sintió una punzada en la espalda.
No era nada nuevo Le acompañaba desde hacía años. Era el recuerdo de una vieja traición.

Sin darle mucha importancia, masajeó la zona brevemente, sabiendo de la inutilidad de cualquier tratamiento sobre esa zona dolorida que evidenciaba su presencia por las mañanas. Sobre todo, cuando cambiaba el tiempo, o cuando acumulaba estrés. O las dos cosas.

Ya ni hablaba de ese dolor. Ni siquiera el origen de su lesión le dolía ya a niveles más profundos. Estaba ahí, era parte de su historia, y había aprendido a convivir con ella.

De vez en cuando le venían imágenes a la cabeza de otra época, de otra vida ya muy lejana a la que, ni por asomo, había de volver. No había resentimiento ya, sólo ganas de vivir el presente y caminar hacia el futuro, sin lastres.

Pero había mañanas en las que costaba más soltar amarras. Mañanas en las que su viejo dolor reclamaba un breve momento de protagonismo dando paso al recuerdo.

Se levantó, sin hacerle caso ni a su lesión, ni a los malabarismos mentales de su cabeza,  se metió en la ducha para negociar una tregua con ayuda del agua caliente y el olor a bosque de su gel favorito.

viernes, 25 de octubre de 2013

Error de cálculo

¿Se habrá dado cuenta?...No, no lo creo...O tal vez sí. Es demasiado inteligente e intuitiva. Por eso me gusta. Por eso me asusta.
Pero no, no puede haberse dado cuenta. O sí.
Sí porque he sido torpe, muy torpe. Le cuento que apenas tengo días libres y que voy saturado, y acto seguido le suelto que me fui a ver a "mi amiga" Marta. Si es que soy un  bocazas.

Claro, que ella no sabe qué tipo de relación tengo con Marta, pero si tengo un día libre esa semana y me hago más de 500 kilómetros para verla, la impresión que dejo es clara.
No tenía que haber ido. O sí, pero callármelo.

El caso es que fui porque pensé que ella estaba a punto de retomar la relación con ese tipo del que cuida mucho lo que dice. Sospecho que es mucho más que un amigo. O lo fue, o lo sigue siendo, no lo tengo claro. Pero que me huele mal, ya te digo yo que sí. Ahí ha habido tema, pero del bueno, fijo.
Se me cruzaron los cables cuando me comentó sobre ese posible viaje que iba a hacer donde, indefectiblemente se encontrarían, y me hice yo también otra excursión en dirección contraria.
Y la he cagado.

La puñetera cobardía que me gasto y que se gasta. O quizá es desinterés. ¡Yo que sé!
Y mis celos, la inseguridad, ...qué mal me caigo a veces. Espero que ella no lo note, aunque me temo que sabe de qué pie cojeo. Me conoce demasiado. Y por eso sospecho que sospecha.
Si es que no tenía que haber ido. Si es que me tenía que haber callado. ¿Se habrá dado cuenta?

"¡Andrés!, ¿vienes?" - dijo su hermana.

jueves, 24 de octubre de 2013

Fría

Habíamos aplazado la cita un par de veces, era algo complicado coordinar agendas, pero, si hay intención, se consigue.

El caso es que llegó él antes que yo y me recibió con un abrazo de oso más efusivo de lo habitual. Yo le respondí a medias. Una tiene su divismo unas veces más acentuado que otras, y las manifestaciones de afecto en público suelen ser contenidas, aunque no por ello menos sentidas.

Le encontré muy bien físicamente, había perdido peso y se estaba poniendo en forma. "Tienes que ponerte las pilas", pensé para mis adentros. Y automáticamente me saltó a la memoria algo que me solía comentar Verónica y que me repateaba. Según ella, instintivamente, competía.
Yo no veo qué hay de malo en competir; pero, en este caso, no era competición, no pretendía estar mejor que nadie, excepto que mi propia persona en ese momento. Sin más.
(Y aquí es cuando ella diría que ya me estaba justificando...Sin comentarios)

Sin embargo anímicamente, le noté algo flojo. Se avecinaban una serie de cambios que se barruntaban hacía tiempo y su estabilidad podía verse comprometida; aunque, en principio, nada hacía presagiar que a él le afectaran directamente esos cambios.

Intenté animarle y ser realista, contarle algo, pero la verdad es que no fui especialmente locuaz esa mañana. Y él tampoco. Y eso era muy raro. No solía pasarnos.
Y lo que ya era más extraño, que los silencios nos incomodaran. Eso sí que era nuevo, impertinente, y molesto.

Aún así le comenté un par de proyectos que me habían ilusionado en los últimos días y volví a ver brillo en su mirada. Me pareció entrañable, pero no me conmovió como solía ocurrir, no me lo contagió. Y esa fue una voz de alarma.

Ya en esa misma semana me había sucedido algo parecido con otro encuentro que se prometía excitante; así que llegué a la conclusión de que soy yo la que estaba fría. Será el tiempo...(total, siempre le echamos la culpa al tiempo de todo, por qué no de esto)

Fuimos hasta la playa. Me dejó guiar y me apetecía ver el mar, lo echaba de menos. Es curioso lo poco que la visito teniéndola tan cerca.
Me trajo memorias de otros tiempos en los que bajaba cada día, hiciera frío o calor, sólo por estar cerca del agua y caminar sobre la arena. Echaba de menos las visitas, pero no los tiempos, sinceramente.

Nos sentamos en la terraza de un bar que suele ser mi punto de encuentro con determinadas personas, y nos pusimos a hablar de pequeñeces.
- Mi calle se está convirtiendo en Europa de Este- le dije.
Me miró divertido.
- Sí, en serio: tengo a los rusos arriba, a los chechenos, a un lado, y a la polaca enfrente. ¿qué te parece?
- ¡Europa del Este, jajaja!
Y nos reímos los dos.

- ¿Qué os pongo?- preguntó el camarero.
- Un White Russian lo veo excesivo para estas horas de la mañana, ¿no?
- Sí, un poco- , me respondió mi amigo.
- Entonces una cerveza sin alcohol. Bien fría. Helada. Como Siberia.
Y nos trajo dos jarras heladas, las cervezas,...y una tapa de ensaladilla rusa.

miércoles, 23 de octubre de 2013

De ida y vuelta.

No podía decírselo.
No podía contarle sobre mi nueva realidad porque ni siquiera yo estaba segura de que fuera tal.

No me gustaba mentir, así que encubrí la historia que no quería revelar con otra verdad a medias que no le extrañaría tanto.

Manipulé el discurso lo suficiente como para que ella creyera que le hablaba de una historia antigua, de la sempiterna historia de ese hombre boomerang que volvía una y otra vez a mi vida en el momento más inesperado, y tapé con ella la nueva aparición en escena de aquella chica que acababa de conocer y que no sabía muy bien hacia dónde iba.

No sabía si realmente existía un interés por su parte, o qué tipo de interés había, pero que algo estaba en el aire, era evidente. Lo suficientemente evidente como para que me saltara mis propias normas.
Técnicamente, no había mentido, pero en la práctica, tampoco le había dicho toda la verdad.

Aunque también era cierto que él había vuelto y que aún quedaba tela por cortar.

martes, 22 de octubre de 2013

Reencuentro

Mis planes me fallaron.
No pude ir en la fecha y horario programados. Las circunstancias decidieron que se retrasara mi visita, pero los hados me fueron favorables.

Volví en el turno en que que la última vez no la encontré, pero, para mi sorpresa, allí estaba. Sólo ella. No estaba ninguna de sus compañeras. Ni la antigua, ni la nueva, ¿turnos rotativos, tal vez?  Quizá sólo fue una sustitución, pero sirvió para abrirme los ojos.

Colocaba producto en unas estanterías y me ofrecía su espalda.
No me vio. Aún no. Pero yo a ella sí, y sonreí con alivio.
Sigue aquí, así que debo cumplir mi plan, aunque aún no tengo ni idea de cuál es, pensé para mis adentros.

Di una vuelta, como ya era costumbre. Tenía nuevas compras que hacer. De hecho, si había acudido fuera de la cita que me había auto impuesto y en un horario en el que no esperaba encontrarla, era por eso.

No quise importunarla, así que no hice evidente mi presencia. Sin embargo, ella se giró y me vio. Fue uno de los cruces de miradas más extraños que habíamos tenido hasta la fecha.
No sé exactamente qué mirada emitieron mis ojos, quizá fuera lo más parecido a un animalillo asustado por los faros de un coche, pero los suyos me devolvieron sorpresa y duda. Quise decirle algo, pero la llamaron y se fue. Y yo me fui de allí también.

Seguía con la misma idea, que no sabía si era buena o no, pero aún sin vislumbrar cómo encauzar la situación. Algo se me ocurrirá, repetía como un mantra.

domingo, 20 de octubre de 2013

Missing

Hace unos días, pasé cerca de la tienda. Esperaba verla, fui a verla.

Solía hacerlo de vez en cuando, daba una vuelta como un cliente más, saludaba, compraba algo, y me iba. Así, hasta que notaba que me faltaba mi dosis. Su dosis.

Pero esa tarde no la encontré. No estaba. En su lugar vi a una nueva dependienta y esto me inquietó, porque de la otra chica que hacía turno con ella, tampoco había rastro.
Di un par de vueltas, pero no, no estaba ninguna de las dos.

Como necesitaba algunas cosas, intenté relajarme y prestar oídos al ambiente mientras realizaba mis compras
.
La tarde estaba entretenida y había gente.
Una veterinaria francesa aconsejaba cómo curar una otitis a la dueña de un bulldog enano, además de explicarle las diferencias entre las tipologías de esta raza. Por otra parte, una pareja de mujeres -y creo que digo bien pareja, con carácter sentimental - intentaba decidir si una prenda de ropa le valdría a un de ellas para no se qué evento. Finalmente, un matrimonio buscaba unos cascos para su hijo. El hombre pensaba que las dimensiones de la cabeza del chico eran demasiado grandes para el objeto elegido por su mujer, pero ella aseveraba que le valdrían una vez estirada la diadema. No pude evitar soltar una sonrisilla por la ocurrencia del señor.

Mientras valoraba si me quedaba con un vaso de color azul u otro de color naranja, mi radar de frases que podrían ser importantes detectó una conversación entre un repartidor y la dueña de la tienda.
- Te veo solita.
- Sí, las tardes están tranquilas y somos menos.

¿Sería que las dos chicas que yo conocía habrían cambiado el turno? Esperaba que sí, porque una de ellas era la causa de mi fidelidad a ese comercio, y la idea de que las hubieran despedido me ocasionaba una desazón que, además de inesperada para mi, me resultaba insoportable. La sola idea de no saber cómo localizarla sin levantar la liebre me reconcomía por dentro.

Con este pensamiento abandoné el lugar tras dejar ambos vasos en su sitio. Ya tenía más de lo que había ido a buscar. Me programé para volver a la tienda al día siguiente en otro horario, quizá tuviera suerte y encontrara a quien ansiaba ver.

Había tomado una decisión. Volvería a buscarla.
Si ella seguía allí, si la volvía a ver, aún había una oportunidad, pero debía aprovecharla bien. Esto era un aviso.
Nunca me ha gustado dar nada por hecho, pero bajé la guardia. No podía volver a pasar. No podía permitir que desapareciera sin más. No quería volver a pasar por ese desasosiego.
Aún no sabía cómo, pero algo se me ocurriría para evitarlo.

sábado, 19 de octubre de 2013

Boomerang

- Ha vuelto.
- ¿Cuándo?
- Anoche.
- ¿Y qué quiere esta vez?
- En realidad, lo de siempre. Todo, ...nada,...vete tú a saber.
- ¿Y tú cómo estás?
- Bien, la verdad es que me gustó verle. No hubo tensión, ni malos rollos, ..incluso se aclararon cosillas. Aunque eso de que aparezca de esa manera siempre me descoloca un poco, pero ya forma parte de su encanto.
- ¿Habéis quedado en algo?
- No. Ya sabes cómo va esto. Sólo te lo comentaba por hablar de algo. ¿qué tal tu día?
- Normalito, ni fú ni fá.

No quería contarle más que lo justo para que no me estuviera preguntando todo el día. Sabía que iba a percatarse de cambios en mi ánimo, así que le di la información necesaria para normalizar la situación.
No podía decirle que...



martes, 15 de octubre de 2013

Atrapados en el ascensor (Rescate Fotolog)

- "Parece que la vida quiere que hablemos."
- "¿La vida o tú?"
- "Sólo era una forma de romper el hielo".
- "Quizá eso es lo que haya que hacer: romper y no hablar".
- "¿Ni siquiera en esta situación vas a bajar la guardia conmigo?".
- "¿Por qué debería hacerlo?"
- "Porque no hay nadie que nos interrumpa ni nos influya, porque lo que se diga aquí, aquí se queda; porque no se puede volver atrás, sólo asumir el pasado e intentar aclarar el presente."
- "Creo que no me apetece".
- "Qué pena. Me gustaba pensar que eras mejor persona que yo."


----------

Hay personas que, de vez en cuando, aparecen y reaparecen un tu vida por un breve momento, y, generalmente, tocando la pandereta, aunque sea de forma indirecta.

No voy a explicar la historia que subyace, ni a quién me refiero, pero hoy quería rescatar este texto y decir algo en mi favor:
Pese a que una vez pensé que fui yo el poli malo, y que puede hasta que lo fuera (estoy segura a un 80%), el tiempo y tus acciones -o actuaciones- me conducen a la idea, cada vez más clara, de que tú eres el poli bobo.

Como se suele decir, una mala tarde la tiene cualquiera.

domingo, 13 de octubre de 2013

Postear, o no postear, esa es la cuestión.

Cuando una decide abrirse un blog para el que como única norma se ha impuesto la ausencia de obligaciones en cuanto a frecuencia, temas, respuestas, etc, hay veces en que la cosa se vuelve caótica.

Hay momentos en los que se me ocurren hasta 3 o 4 temas diferentes de los que hablaros, pero, o no es el momento, o no tengo cómo redactarlos, o como son más de uno tendría que programar, y me estaría saltando mi norma, así que no lo hago, y luego la idea se enfría, deja de parecerme buena, o simplemente no me motiva tanto, y pasa al cajón de los descartes. Y pasan los días, y no posteo, y cuanto menos posteas, más vaga te vuelves, y es el pez que se muerde la cola.

¿Me estoy justificando? NO!! Ni de broma. Me aburre soberanamente el soniquete de "perdonadme por no postearos en estos días pero es que me estaba lavando la melena ...pelo a pelo"
¡Como si esto fuera una obligación!
Ojo, que habrá para quien sí lo sea y es muy respetable, pero no es mi caso. No en este caso.

¿Y qué quiero deciros con esto? En realidad, nada. Simplemente, me apetecía charlar, aunque sea virtualmente, con vosotros, que dicen que el diálogo se está perdiendo.

jueves, 10 de octubre de 2013

La entrevista

Esta mañana he tenido una "entrevista de trabajo", y la entrecomillo porque no ha sido tal, como me temía desde el principio.

Desde hace ya un tiempo, cuando te llaman para una entrevista laboral, lo que menos te puedes esperar es que te ofrezcan un trabajo de verdad: o el puesto que solicitabas está curiosamente cubierto y te ofrecen otro que nada tiene que ver, o te ofrecen el super chollo de tu vida para el que tienes que trabajar por el morro durante un mes y pagarte tú tus gastos, o, en el mejor de los casos, es para un puesto comercial de 3 meses, con 1 a prueba, sin ingreso fijo, y, por supuesto, dándote tú de alta en autónomos. Maaarvellous, que diría Saritísima.

El caso es que me llamaron hace un par de días con muchas prisas y quedamos para esta mañana.

Bien.

Voy, llego puntual, me recibe una señorita, me pide mis datos, espero 5 minutos y entro al despachito donde me atiende un chico joven bastante majete.

Según comenzamos a hablar, y casi nada más presentarme, me pregunta:
- ¿Conoces a Raquel?
- ¿Raquel?
- Sí, de Empresa Tal.
- Sí, claro, estuve trabajando con ella 2 años (como has podido ver en mi curriculum, que por eso me preguntas, no porque seas sobrino nieto de Rappel, querido)
- ¡Ah! Es que yo trabajaba en la gestoría, le llevaba este tema.
- ¡Vaya, qué curioso!
- Sí, ¿pero no conservarás contacto con ella, ¿no?
- Sí, claro que lo conservo (¿por qué no lo iba a hacer?¿por que tú no?), de hecho, tengo pendiente tomarme un café con ella la semana que viene.
- ¡Qué bueno! Pues, dale recuerdos de mi parte si te acuerdas.
- Claro, se los daré.

...

Vamos, que estaba loco por presentarse el muchacho. Me pareció divertido, por qué no.

El caso es que comienza la entrevista y, para no variar, al minuto y medio me doy cuenta de que no se ha leído más que las 2 líneas que le interesan de mi CV, cuando hay muchas más bastante más interesantes. Medio minuto después, descubrí el motivo.

Lo que me ofrecían era una capacitación, no ya un curso con título, sino una especie de cursillo privado sin ningún tipo de respaldo (sello, homologación, renombre docente,...) que debería llevar a cabo durante 4 meses (un día en semana, eso sí) por el módico precio de 960€, 720€ si los pagaba en mano de una sola vez; y la compensación era que ellos me facilitaban la posibilidad de unas prácticas, aunque no me aseguraban que fueran remuneradas porque eso dependía de la empresa.
Y, para apoyarlo, me decía que estaba todo muy difícil, que fíjate con la montaña de curriculums que tenía sobre la mesa habían podido colocar a 4 o 5 personas y que ya tenían un CV formado,...¿y tú pretendes que yo te sacuda la mosca alegremente cuando ya me estás indicando que de poco o nada sirve dicha capacitación a posteriori?

Mi querido nuevo amigo: tú no me estás ofreciendo un puesto de trabajo, tú me estás intentando vender un seudocurso y tomarme el pelo; y servidora, que de tonta tiene poco y de pelo tiene la melena de la reina del metal, no está dispuesta a pasar por el aro y regalarte ni un céntimo por una promesa vacía para un puesto que ni siquiera estoy segura de que me interese.

Así que, con todo mi arte, me levanté, le sonreí, y le solté la frase que tantas veces he escuchado y que tanta mala leche te da oír cuando terminas una entrevista de trabajo, porque sabes que la última parte es raro que se cumpla:
- Gracias por todo, ya te llamaré.

domingo, 6 de octubre de 2013

Morfeo y el otoño

Me gusta el otoño, pero la transición suele tener momentos extraños, sobre todo en cuanto a nuestras costumbres se refiere.

El caso es que ya se está instalando de verdad y, aunque a veces las temperaturas nos pueden confundir, hay menos horas de luz. Aún no es de día cuando abro los ojos, y se hace de noche bastante antes, y eso me hace ir descontando los días que nos quedan hasta que comience a anochecer antes de las cinco de la tarde. Pero eso será en invierno, y aún no ha llegado (aunque resuena el lema Stark de fondo)

No es que me moleste la oscuridad, es que me encanta la luz del sol, y sé que la echaré de menos unos cuantos meses, pese a que los colores rojizos, las hojas caídas, las ráfagas de viento, el tener que echarse una chaquetita a última hora de la tarde, y comenzar con cenas más calentitas también va apeteciendo.

También hay un pequeño ritual del que me va a costar despedirme esta temporada,  el abrir las sábanas y tirarme sobre la cama antes de dormir, como si hubiera caído allí por accidente, como si fuera un trámite de 5 minutos, como si jugara a engañar a Morfeo, haciéndole pensar que no me quedaría para caer en sus brazos hasta que me conquistara y, una vez el sopor se apoderaba de mi, y él sacaba a relucir su encantadora sonrisa, me echaba una porción de sábana por encima, a modo de bandera blanca, pidiendo rendición ante el señor del sueño, dispuesta a aceptar las normas de su reino.

Mi amante amigo, creo que nuestro juego deberá cambiar, al menos, una temporada, pero seguro que le encontramos un nuevo cortejo para seguir disfrutando de nuestros encuentros.


viernes, 4 de octubre de 2013

¿Quién fuera bebé? (Rescate Fotolog)

Hace unos días, hablando con una amiga y madre primeriza, salió a colación una anécdota en la que una señora se acercaba al carricoche y decía con nostalgia: -" ¡Quién fuera bebé!."

Yo creo que esta señora no se ha parado a pensar realmente en la dimensión de lo que implica ser un bebé. Al menos, no desde la perspectiva propia de un bebé.

Para empezar, estás sometido a un bombardeo constante de estímulos audio-táctiles-olfativo-gustativo-visuales que te generan un estrés tal que es normal que en algún momento te venza el sueño y te quedes dormido por los rincones (y cuidado, hermano, con quedarte en alguna postura rara, que te fotean)

Para seguir, ese estrés se incrementa cuando un montón de jetos desconocidos (y la mayoría lo son, porque tú acabas de llegar a la fiesta y no conoces ni a la madre que te parió, literalmente) se asoma a tu cuna, cesta, carro o lo que sea y emiten sonidos (y gestos) absurdos hasta para ellos.
En este momento descubrimos el "Gen Pantoja": sonreímos y no sabemos por qué (dientes, dientes, aunque no tengamos aún, pero dientes); ahora, interpretamos que esto relaja a esos extraños seres y no atacarán (o sí. Amén de las tías-abuelas-señoras de cierta edad con perfumes densos y maquillajes más espesos que el cemento armado, que se sienten invitadas a pegarnos achuchones o incluso tienen la osadía de arrancarnos de nuestro protegido entorno -el cuco es mío y tengo que defenderlo-)

La falta de autonomía es total. No sólo no controlas cómo te visten, cuando dormir, cuando comer, qué vestir, qué comer, qué ver, con qué jugar, a qué jugar, etc; sino que tampoco controlas tus propios esfínteres, con lo que llega la bochornosa situación en la que empiezas a oler mal y encima te lo echan en cara a lo graciosete (maldita la gracia) y te tienen que limpiar y cambiar.
Lo más absurdo del tema es que a veces hay hasta discusión previa por ver quién es el adulto encargado; unas veces porque nadie quiere (normal), otras porque quiere hacerlo más de uno (anormal)

Y no hablemos ya de cuando llegan determinadas fechas como navidades o carnaval en las que te visten de auténtico gilipollas, te hacen fotos y se las enseñan a todos los amigos.
Lo peor de todo es que también las cuelgan en internet, e incluso hay quien las presenta a concurso.
Por favor, ¿un abogado que defienda este atentado contra el honor, la dignidad y la imagen pública de la persona?

Y todo esto porque están orgullosísimos de ti, claro. Pero cuando eres un poquito más mayor y ves las fotos te preguntas cómo reprimiste tu instinto asesino y tus padres y familiares siguen vivos después de hacerte y documentar ampliamente algo que no le harían ni a su peor enemigo.

Así que, eso de ser bebé, no es tan fácil ni tan bonito como os lo venden. Pero cada etapa tiene su encanto, así que disfrutemos de cada una de ellas mientras dure, y a reírse, que son dos días.

(Añadan sonidos guturales al gusto)


..........

No, ni estoy embarazada, ni hay ideas de ello in this moment right now. Simplemente, me hace gracia la poca capacidad que tiene, por lo general el personal, para ponerse en la piel -o en los pañales, en este caso- del otro antes de emitir un juicio sobre lo idílica que es su vida.

Que ustedes lo gateen bien.


P.D.- Os recuerdo que lo lila es el texto rescatado, y lo que está en negro, lo que escribo a día de hoy.