domingo, 20 de octubre de 2013

Missing

Hace unos días, pasé cerca de la tienda. Esperaba verla, fui a verla.

Solía hacerlo de vez en cuando, daba una vuelta como un cliente más, saludaba, compraba algo, y me iba. Así, hasta que notaba que me faltaba mi dosis. Su dosis.

Pero esa tarde no la encontré. No estaba. En su lugar vi a una nueva dependienta y esto me inquietó, porque de la otra chica que hacía turno con ella, tampoco había rastro.
Di un par de vueltas, pero no, no estaba ninguna de las dos.

Como necesitaba algunas cosas, intenté relajarme y prestar oídos al ambiente mientras realizaba mis compras
.
La tarde estaba entretenida y había gente.
Una veterinaria francesa aconsejaba cómo curar una otitis a la dueña de un bulldog enano, además de explicarle las diferencias entre las tipologías de esta raza. Por otra parte, una pareja de mujeres -y creo que digo bien pareja, con carácter sentimental - intentaba decidir si una prenda de ropa le valdría a un de ellas para no se qué evento. Finalmente, un matrimonio buscaba unos cascos para su hijo. El hombre pensaba que las dimensiones de la cabeza del chico eran demasiado grandes para el objeto elegido por su mujer, pero ella aseveraba que le valdrían una vez estirada la diadema. No pude evitar soltar una sonrisilla por la ocurrencia del señor.

Mientras valoraba si me quedaba con un vaso de color azul u otro de color naranja, mi radar de frases que podrían ser importantes detectó una conversación entre un repartidor y la dueña de la tienda.
- Te veo solita.
- Sí, las tardes están tranquilas y somos menos.

¿Sería que las dos chicas que yo conocía habrían cambiado el turno? Esperaba que sí, porque una de ellas era la causa de mi fidelidad a ese comercio, y la idea de que las hubieran despedido me ocasionaba una desazón que, además de inesperada para mi, me resultaba insoportable. La sola idea de no saber cómo localizarla sin levantar la liebre me reconcomía por dentro.

Con este pensamiento abandoné el lugar tras dejar ambos vasos en su sitio. Ya tenía más de lo que había ido a buscar. Me programé para volver a la tienda al día siguiente en otro horario, quizá tuviera suerte y encontrara a quien ansiaba ver.

Había tomado una decisión. Volvería a buscarla.
Si ella seguía allí, si la volvía a ver, aún había una oportunidad, pero debía aprovecharla bien. Esto era un aviso.
Nunca me ha gustado dar nada por hecho, pero bajé la guardia. No podía volver a pasar. No podía permitir que desapareciera sin más. No quería volver a pasar por ese desasosiego.
Aún no sabía cómo, pero algo se me ocurriría para evitarlo.

7 comentarios:

  1. Esperaré para resolver toda esta intriga! ¿Volverá a ver a la chica? ¿Porqué esa desazón? Qué emocionante!
    Me ha encantado, además, la descripción /anécdota de la gente que había en el bazar: realista total, y hace aún más creíble la historia.
    Me tienes enganchada, quizá por eso lo de las dosis jajaja

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  2. puedo haber leído esto en otro blog?

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    1. Lo dudo mucho, pero, si lo encuentras, déjame el link para que le tire de las orejas al que me lo copió.

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    2. Ok. Aunque creo que no era exactamente igual. Cosas mías, no me hagas mucho caso. Pero si lo encuentro te lo enseño, tampoco sigo tantos blogs...

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    3. Ves? Mi mente funciona un poco diferente a lo que debía de ser normal. Después de darme una vuelta por blogs "sospechosos" y no encontrar nada, me dije... Y no será que...? Y lo encontré, creo que me refería a este, aunque ahora que lo leo veo que no tiene nada que ver. Ya te digo, cosas mias.

      http://mizonab.blogspot.com.es/2013/09/juana.html

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    4. Quizá los enlazaste por lo de la tienda, no es tan descabellado.

      Gracias por tomarte la molestia :)

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