sábado, 26 de octubre de 2013

Por la espalda

Apagó el despertador y, tras remolonear 5 minutos más, decidió levantarse por fin.

Al sentarse en la cama sintió una punzada en la espalda.
No era nada nuevo Le acompañaba desde hacía años. Era el recuerdo de una vieja traición.

Sin darle mucha importancia, masajeó la zona brevemente, sabiendo de la inutilidad de cualquier tratamiento sobre esa zona dolorida que evidenciaba su presencia por las mañanas. Sobre todo, cuando cambiaba el tiempo, o cuando acumulaba estrés. O las dos cosas.

Ya ni hablaba de ese dolor. Ni siquiera el origen de su lesión le dolía ya a niveles más profundos. Estaba ahí, era parte de su historia, y había aprendido a convivir con ella.

De vez en cuando le venían imágenes a la cabeza de otra época, de otra vida ya muy lejana a la que, ni por asomo, había de volver. No había resentimiento ya, sólo ganas de vivir el presente y caminar hacia el futuro, sin lastres.

Pero había mañanas en las que costaba más soltar amarras. Mañanas en las que su viejo dolor reclamaba un breve momento de protagonismo dando paso al recuerdo.

Se levantó, sin hacerle caso ni a su lesión, ni a los malabarismos mentales de su cabeza,  se metió en la ducha para negociar una tregua con ayuda del agua caliente y el olor a bosque de su gel favorito.

6 comentarios:

  1. Ahora me han dado ganas de ducharme con un gel olor a bosque! jajaja Hay viejos dolores que son ya como cicatrices.
    Un besazo!

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    1. Sí, y como barómetros no tienen precio.

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  2. Hay lesiones que nunca se olvidan... especialmente las del alma.
    Besos

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    1. Forman parte del juego que es la vida, y hay que asumirlas como tal, sin recrearse en el dolor, sino en el aprendizaje.

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  3. Es cierto que parece haber dos mundos, el del antes y el del después de la ducha.

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