domingo, 27 de octubre de 2013

Tablas

Volví pronto a casa.
Pronto para haber quedado tarde, pero hay momentos que no dan más de sí, y es mejor no forzarlos. No siempre podíamos estar igual de inspirados, pero habíamos tenido nuestra ración de risas y de complicidad, pese a la extrañeza.

-"¿Qué tal ha ido?"- me preguntó Mar.
- "Bien"- respondí sin mucho entusiasmo.
- "No te veo yo muy convencida".
- "Bien, normal, no sé, tampoco voy a venir dando palmas.Bien, punto."
- "Bueno, vale, no tienes ganas de hablar".
- "No es eso, es que no sé qué quieres que te diga, déjame llegar, ¿no?"
- "Pensé que ibais a comer juntos"
- "No, ¿por?, no te dije nada de eso en ningún momento."
- "Ya, pero como quedasteis más tarde..."
- "Quedamos más tarde porque teníamos cosas que hacer antes, pero vamos, que en ningún momento se insinuó nada de eso, ¿eh?"
- "Ya, ya, que me hice yo mi película"
- "Oye, podría haber sido, pero no. Así comemos juntas nosotras."

Mientras hacíamos la  comida, comencé a darle vueltas en mi cabeza a todas las conversaciones de aquella mañana.

Me quedé con todo su batiburrillo mental ante los cambios que tenía pendientes y el viaje que se había marcado para ver a su amiga. Ya me la había mencionado más de una vez y parecía ser eso, una amiga, pero tampoco descartaba que tuvieran una relación más carnal de vez en cuando.

No podía culparle ni recriminarle nada, él era un hombre libre, y no habíamos establecido ningún tipo de acuerdo entre nosotros. Además, entendí ese viaje nada más mencionármelo. Era la respuesta al que yo finalmente no había hecho un par de semanas antes, pero que le dije que haría en nuestro anterior encuentro.

Tenía mucho cuidado cuando le hablaba de Víctor, jamás le había contado nuestra historia, pero él me conocía a veces mejor que yo misma y sabía -porque seguro que lo sabía- que no era un amigo más.

Supongo que pensó que el objetivo real de mi viaje era reunirme con él, aunque sólo era una parte  más del mismo, pero, lo que también es cierto, es que ni yo misma sé qué hubiera podido pasar entre Víctor y yo de haber ido. Así que, hubiera pasado algo entre Andrés y Marta o no, estábamos en tablas.
Como también estábamos en tablas con respecto a qué tipo de relación teníamos entre nosotros, a no hablar claro ninguno de los dos, y a taparnos los posibles puntos de conflicto con nombre de persona, aún sabiendo que el otro se daba cuenta de todo.
Era un extraño acuerdo tácito que mantenía la relación equilibrada. O estancada, que decía en tiempos mi profesor de física.


4 comentarios:

  1. A veces empatar es lo justo en ciertas situaciones. Otras veces el empate es frustrante, porque implica que la balanza no se mueve, ese equilibrio de aguas estancadas que comentas. Y otras, puede ser solo un impass para coger carrerilla, ¿no?
    Un besazo.

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    1. El descanso del guerrero lo llaman algunos ;)

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    1. Sí, ha quedado muy clara tu opinión.

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