miércoles, 6 de noviembre de 2013

Damián

Si tuviera que describir a Damián en una sola frase, diría que era un encantador de serpientes con la catadura moral de un pirata.
Pero no sería justo. Porque era eso, y mucho más.

Físicamente, no era nada del otro jueves, pero conseguía resultar más atractivo de lo que realmente su apariencia representaba.
Quizá por su seguridad, por su labia, por cómo se desenvolvía, qué te decía, cómo te lo decía, cómo te rozaba, ...tenía mucho arte, y eso era algo que me encantaba de él. Era un sinvergüenza de mucho calibre, pero me caía bien.
Igual que las mujeres caían como moscas a sus pies. La erótica del poder, que le llaman.

A mi no me engañaban sus mañas. Le calé desde el minuto uno, y eso me evitó caer en algunas trampas.

Lo conocía hace muchos años, y ya era un personaje relevante, poderoso. Había pasado en relativamente poco tiempo de ser el chico majo que sabe sonreír a las señoras a ser un pájaro de altos vuelos que manipulaba los hilos del juego al estilo "Master del Universo" con un savoir faire que bien le podría valer más de un Oscar. Sin embargo, conmigo siempre mostró una actitud humilde, aunque no lo era en absoluto.Todo estaba calculado.O quizá no, pero controlado, sí.

Digamos que era más conveniente tenerlo como aliado que como enemigo, aunque nunca tenías muy claro si estaba de tu parte o no. El truco, según pude comprobar, consistía en que en ningún momento se sintiera incomodado, que no sólo no consistieras una amenaza para sus planes, la mayoría de ellos secretos hasta el último minuto, sino que, además, pudieras ser una herramienta útil en potencia para la obtención de un beneficioso final para él.

Curiosamente, y pese a esta presentación, conmigo siempre se portó bien. Quizá porque también respeté ese límite tácito que marcaba, y, sutilmente, marcaba el mío sin resultar impertinente y sin decir un arisco "no".

Entre nosotros no había amor, ni enamoramiento, como le dijo a su mujer.
No me enteré por su propia boca de esta escena, por supuesto, pero siempre hay alguien cerca, y ese alguien se lo cuenta a otro alguien, y, al final, te llega la información.

Damián y yo teníamos una extraña relación.
Ambos sentíamos cierta simpatía por el otro, algo de cariño, algunos reparos en cuanto a la forma de hacer las cosas compensado con mucho respeto por el espacio propio y ajeno (ni él se metía en mi territorio, ni yo entraba en el suyo, así como tampoco existían juicios sobre nuestras respectivas conductas por parte del otro), y, por qué no admitirlo, cierta atracción física que nunca llegó a nada carnal. Pese a las malas lenguas y leyendas urbanas que decían lo contrario.

Sí, todo eso era mutuo.
Pero no era amor, ni enamoramiento.

4 comentarios:

  1. Es que es tan difícil poner etiquetas a ciertas relaciones! Si se disfrutan, buenas son :)

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    1. ¿Y por qué hay que ponerle etiquetas? ;)

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  2. Creo que todas (o casi todas) hemos tenido alguna vez un Damian en nuestras vidas... y qué difícil puede llegar a ser lidiar con ellos!

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    1. Depende de en qué puesto juegues y tus expectativas.

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