sábado, 11 de enero de 2014

Horas de siesta

Nunca he tenido por costumbre dormir siesta. Nunca. Ni de pequeña.
Pero la respeto. Respeto esas horas de quietud y silencio donde los biorritmos bajan, e incluso hay quien duerme. El descanso propio o ajeno me parece sagrado.

Esas horas aprovecho para relajarme yo también, o para adelantar tareas de forma relajada.
También ordeno ideas mientras observo la luz del día de autos, la temperatura, el olor del aire,...sobre todo en días como hoy; días en los que casi llueve, en los que el clima es tan húmedo que te moja la piel si sales a la calle.

Hoy todos duermen. Desde que llegaron los pequeños es raro tener un momento de silencio en la casa. Siempre encuentran algo con lo que jugar y hacer ruido. Bendito ruido de inocentes danzando y saltando.
Pero hoy duermen, ahora duermen. Y aprovecho para pensar, para atender a las ideas que brotan y bombardean mi cabeza sin orden ni concierto, sin agobios ni tensión, pero con preguntas y respuestas entremezcladas que acabarán ordenándose solas.

Y pienso en el ayer, en el muchos años, en el hace 3 meses, en esa revelación, en el ego herido y tonto que ya no existe, y me saca una sonrisa; en la nueva reconciliación tras una herida que nunca existió, en el amor incondicional, en las ideas felices e intuitivas que cobran una realidad que confirma que no estaba equivocada. Y me alegro por ese triunfo. Por esa amistad.

Y pienso en ella. En esa última mirada que cruzó conmigo y no entendí. Siempre me descoloca. Siempre. Pero respeto su silencio, su autonomía, su espacio. Y sonrío. O eso intento.
Quizá un día consiga también descifrar ese jeroglífico en el que andamos enredadas cual gatito en un ovillo de lana. Todo llega...y todo pasa. Gran mantra.

Y pienso en Valeria. En ese mensaje que era tan directo, tan específico como insondable. Y quisiera preguntarle. Pero ella es ilocalizable. Ella te busca y te encuentra, pero no al revés. Al menos, yo no he sabido nunca cómo hacerlo.
Sigo esperando un nuevo encuentro, o un mensaje, o un mensajero, o una señal, ...¡algo!
Algo que me decodifique la información contenida en ese breve cruce de palabras.
...
Para qué engañarnos, también quiero verla. Es un ser mágico.

Y vuelvo a pensar en él, otra vez. En ese hombre, en ese ser que nunca se va, pero que tampoco termina de llegar; que hace acto de presencia en el momento más inesperado y que me deja pensando un par de días. Hemos mejorado. Ahora sólo es un par de días.

Y pienso, y pienso,...y el pavo piensa y piensa y después expira, dice un proverbio ruso. Y ya no pienso, ahora sólo me río de mis propias tonterías. De la sarta de ideas concatenadas no sé si con sentido o no, de la cantidad de bobadas a las que le presto -o prestamos- atención, porque sabemos que son eso, bobadas que rellenan tiempos vacíos mientras el resto del mundo duerme.

Quizá sea otra forma de soñar despierta. Quizá sea otra forma, mi forma, de hacer la siesta.

4 comentarios:

  1. Es que tú no paras ni cuando estás en reposo :)
    Me ha encantado el texto.

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  2. Mis momentos de pensar siempre son tras el volante y con la carretera y la soledad por compañeras... la mente vuela y, de pronto, te descubres pensando en cosas o personas de las que hacía una eternidad no te acordabas... mientras deje buen regustillo de boca ¡¡¡BIENVENIDOS SEAN LOS PENSAMIENTOS!!!!

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    1. Yo es que el tema carretera lo tengo abandonado de momento (una pena, se recuperará cualquier día de estos), pero sí que aprovecho los viajes largos para dejarme llevar por esa nube de pensamientos.
      Por eso me gustan los viajes largos en tren o en bus, porque me dan muchas horas de disfrute conmigo misma -sin entrar en temas carnales-.

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