miércoles, 30 de abril de 2014

Mario

No se parece a Mario, pero no pude resistirme a poner a este pedazo de vikingo por aquí.
Es curioso cómo el tiempo nos cambia y cómo nos pone en situaciones parecidas en diferentes momentos para que nos demos cuenta de ello.

El otro día escuchaba una conversación -por circunstancias espacio-temporales de coincidencia, no por cotilleo, que, aunque es un buen deporte, en ese momento no estaba ejercitándome con él- en el que una mujer de unos treintaypocos rechazaba a un apuesto e interesadísimo chaval de veintialgunos con la excusa de la edad.
"Como te pongas cortapisas con la edad, te vas a perder muchas cosas, bonita", pensé yo.
Y al rato, me acordé de Mario. Y de mi y de Mario.
Y me tuve que morder la lengua.

Conocí a Mario hace unos años, y nuestro perfil era parecido, al menos en cuanto a edad, al de esta pareja de referencia. Yo tenía exactamente 10 años más que él según mi fecha de nacimiento. Pero Mario no era ningún crío.

Mario era un chico joven, intrépido, independiente, emprendedor y empresario, algo visionario, muy comercial, con don de gentes, muy creativo, muy educado, con un halo que lo hacía especial.

Tenía un aspecto amanerado que te hacía dudar de su orientación sexual, aunque siempre estaba rodeado de las chicas más guapas y más sexys (siempre dudo (¿Sexys o Sexies?) que te pudieras imaginar, y cuyas novias solían salir de esos círculos; que parecía un despiste andante pero que tenía todo atado y muy bien atado, con una agenda bien nutrida y muchos proyectos en marcha; que te haría pensar que era un picaflores y la relación que menos le había durado en su vida era de 4 años; que parecía un alma libre del que no podías fiarte que estuviera ahí, pero que se comprometía a fondo con su gente y sus proyectos.
Una rara avis. No diré que fuera brisa fresca, porque más bien era un aire templado que te envolvía y te acariciaba con sutileza, que te dejaba sensación de confort, y que, al volver de esa ensoñación a la vida real, había desaparecido, pero con un bonito y reciente momento a recordar.

Nos caímos bien desde el primer momento, conectamos, había interés, pero yo estaba en una etapa tóxica de mi vida en la que me sobraba gente, en la que no sabía si debería dejar entrar a alguien nuevo, ni hasta dónde, cuando lo que quería era barrer la casa. Y también me planteé esa duda de la edad. ¿Tenía suficientes años para considerarlo un hombre con todas las letras?
Jamás pensé en la pregunta que podría hacerse si nos situáramos en la orilla contraria: ¿era yo lo suficientemente mujer a pesar de que, por edad, ya me correspondía serlo?

El caso es que esa historia se quedó en amago, en algo bonito y platónico, en situaciones confusas y difusas, pero aún le recuerdo con cariño.

Sigo teniendo forma de contactar con él, pero tampoco sé si hacerlo o no. Primero tendría que averiguar con qué fin quiero acercarme o no a Mario, aunque creo que sería mera curiosidad y ganas de saludar a un viejo amigo.

Ahora que tenemos unos cuantos años más, y que la diferencia de edad en esta etapa parece no ser tan grande, ¿sería lo mismo?¿habremos madurado los suficiente? Mejor dicho, ¿habré madurado yo?

domingo, 27 de abril de 2014

Amantes

Recuerdo el calor y la somnolencia. Recuerdo estar tumbada de cualquier manera, boca arriba, sobre la cama, sin más ropa que la interior, haciendo tiempo antes de ponernos en marcha. Recuerdo tu cabeza sobre mi barriga y el no estar hablando de nada.

- "¿Por qué nunca ha habido nada entre nosotros?"- Me preguntaste.
- "¿Que por qué nunca nos hemos liado, quieres decir?"- quise ordenar mi mente antes de responderte.
 Tomé algo de aire. Es una pregunta que me pillaba por sorpresa. Tras tu nuevo autoetiquetado creí que estábamos a salvo de esa bala, pero me equivoqué. Tampoco es una pregunta que me alterara. Es más, creo que cerraba una etapa.

- "En realidad no lo sé. En lo que a mi respecta, que es la parte que yo conozco, supongo que hubo dos frenos principales. El primero fue, quizá, el miedo a perder lo que teníamos, lo que sea que existiese entre nosotros..."
("Amor", te oí susurrar, pero continué con la respuesta antes de perder el hilo)
"..., la segunda, inseguridades varias mezcladas con etapas de vida que no parecían sincronizar. No lo sé. Quizá no tenía que suceder nada más físico de lo que realmente hemos tenido" -

Cuando escuché el propio eco de mis palabras, me quedé convencida de mi discurso. Todo estaba bien. Había sido sincera, honesta. Todo estaba en orden. No había caído ningún edificio. Los dos continuábamos en calma en la misma habitación. De hecho, por un momento, llegué a pensar que esa conversación no había existido, que era parte del duermevela en el que parecíamos estar.

Al regresar de este análisis de situación, me di cuenta de que algo te había distraído. Estabas de pie, mirando tu teléfono móvil, y parecías divertido.
- "Voy a la ducha". me dijiste.
- "Ok, voy guardando las cosas".

Comencé a hacer la maleta. Sólo una para los dos. Tus cámaras, un neceser y algo más tuyo ya estaba dentro. Tuve que sacarlo para reubicar mis objetos junto a los tuyos y que cupiera todo sin que aquella bolsa de viaje reventara, pero lo conseguí.

Saliste al estilo George Michael del baño, con una barbita arreglada y guapetón, dispuesto a comerte el mundo, o a aquél amiguete que te acababa de contactar por vete tú a saber qué aplicación de moda del mundo gay del momento.

Hice como que no había advertido tu presencia mientras cerraba la cremallera de la bolsa, y en mi cabeza resonaba un "por esto no pasó nada". No por aquello que parece evidente, sino porque conmigo eras una persona, pero podías ser muchas más, dependiendo de con quién te tocara jugar. Y hay juegos que a mi no me gustan. O que no me gusta que jueguen conmigo o contra mi sin que yo sepa que se trata de tal juego.

- "Luego te veo"- me dijiste mientras me dabas un medio abrazo y un beso en la mejilla.
- "Pásalo bien" - Te respondí con una sonrisa.

No nos hace falta ser compañeros de cama para ser amantes.

lunes, 21 de abril de 2014

Lunes de Pascua

Se nos acaba la Semana Santa, contertulios, alucinante pensar que hace 4 días estábamos colgando los adornos de Navidad. Por cierto, ¿qué tal ha ido la vuestra? Espero que, hayáis hecho lo que hayáis hecho, lo hayáis disfrutado, que es lo que interesa.

Hoy vengo con una cuestión absurda, de esas que no cambian el sentido de la vida, pero que te entretienen: ¿por qué a la mona de Pascua se le llama "mona" cuando no es más que un bollo suizo de-toda-la-vida con un huevo duro (con cáscara incluida) empotrada en el centro?
Suizo con huevo no vende tanto, pero, mona...¿mona de qué?son bastante sosonas, por regla general.

Y, otra cosa, ¿por qué el lunes de Pascua es tradición irse al monte a comer dicha mona?Con lo seca que es, como se te olvide el agua, pereces en medio de la nada, así, de la forma más tonta.

Si alguien lo sabe, que nos lo cuente; y, si no lo sabe, que se invente una buena historia. El caso es entretenerse.

lunes, 14 de abril de 2014

Guapa!

Así, sin previo aviso, con arte y poderío, con convicción, naturalidad y simpatía, con ese descaro que tan bien sienta cuando se hace con elegancia, me hizo sacar la mirada de los misterios del interior de mi bolso un señor que se cruzó conmigo por la calle.

Tan simple como eso, un"¡Guapa!" bien dicho, alto y claro y sin baboseos o palabras soeces que lo acompañaran me hizo recordar que los piropos me gustan.

¿Y a quién no le gusta un piropo? Sobre todo cuando lo es, porque hay quien confunde el piropo con sacar los colores al personal soltando una barbaridad de connotaciones sexuales -generalmente, que suenen lo más guarras posible-.

Para entendernos "Te voy a comer todo lo de abajo" no es un piropo, es una ordinariez, y sí puede resultar ofensivo. Es decir, si tras soltar esa perla, la doña te saca el dedito grosero y te manda poco menos que a introducir un paraguas por donde no te alumbra el sol, es que no es un piropo.

Un "Guapa" es un piropo y a nadie le ofende. Normalmente, la respuesta de la piropeada es una sonrisa y un ¡Gracias!

Pues eso, que me llamaron guapa. Y yo tan contenta, oiga.

miércoles, 9 de abril de 2014

Hainuwele, (fragmento), Chantal Maillard

Llevo acostada largo tiempo
en la orilla. Mis pechos
son colinas cubiertas de hoja seca.
Levanto la cabeza y me contemplo:
en mis muslos el vello a punto de ser vello,
me incorporo: la hierba a punto de ser hierba,
doy un paso y despierto al agua
a punto de ser agua,
se asusta un ave negra a punto de ser ave a punto
de ser negra...
Un resplandor me ciega:
el bosque me contempla, a punto de ser bosque,
a punto de ser tuya.


(Hainuwele, Chantal Maillard)

lunes, 7 de abril de 2014

Flor de cactus

Según se acerca la primavera, hay un acontecimiento que espero con avidez y alegría: la apertura de la flor de cactus de mis vecinos de enfrente.

Sé que puede ser una estupidez para muchos, pero a mi me fascina ver el proceso. Cómo, de repente un día, parece un pequeño bultito en alguna parte de las ramas de aspecto árido y seco, y cómo se va desarrollando un capullo rojizo que, al abrirse, da como resultado un hermosa flor tan colorista y vivaz como el propio sol que ya calienta en estos días.

La flor de cactus sólo florece una vez al año y vive pocos días en la planta; aunque perdura en el recuerdo todo el año.

No sé si será su fugacidad la que la hace tan bella, o su belleza la que la obliga a irse pronto; pero, sea como fuere, siempre es bonito que nos dediquemos un momento, la flor a nosotros, y nosotros a la flor.

Por cierto, ayer fue el día de autos.
Y vienen más en camino.