martes, 6 de mayo de 2014

A menudo me recuerdas...a alguien

-"Te lo estás comiendo con los ojos"
- "Lo sé, pero no pasa nada, él no se entera y la otra tampoco, déjame disfrutar el momento"
- "Se te ve el plumero"
- "Vivan los pavos reales, mona, ¿te quieres callar?"

Con tanta discusión dentro de mi cabeza me estaba distrayendo de lo importante, de aquél aspirante a Adonis que me recordaba tanto a alguien,...pero tanto...que no era capaz de caer en quien.

No fue hasta el segundo encuentro casual con aquél tipo que caí en la cuenta de quién era esa imagen que flotaba en la trastienda de mi memoria: Curro.

La misma figura larga que le hacía parecer más delgado de lo que realmente era; el mismo cuerpo que parecía más atlético de lo que realmente afirmaba su musculatura no marcada más que lo justo; el mismo amago de tripa diminuta, única zona vulnerable y, para mi, divertida, en discordancia con el resto de su físico; los mismos brazos largos y fuertes, de piel blanquísima, terminados en una manos a juego, tan finas como tenaces y hábiles; los ojos claros, el pelo despeinado, y una sonrisa contagiosa, hasta la misma edad en el momento de conocerlo; todo, todo, clavado a Curro.

No pude evitar trasladarme en el tiempo y rememorar ciertos momentos, lejanos ya, pero aún vivos, de una relación intermitente y breve, aunque no por ello poco interesante.

Hay aves de paso a las que se les agradece la escala en tu vida.

4 comentarios:

  1. Hay que disfrutar también de la belleza de las aves de paso, cómo no.
    BESOS!!

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    1. Por supuesto. Si sólo disfrutáramos de lo estable, esta vida sería tan densa como insoportable.

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  2. jo, cuando me pasa eso... me pego como 3 meses intentando saber a quien me recuerda... hasta que tiro la toalla y pienso que sólo es producto de mi imaginación calenturienta :)

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    1. Yo suelo encontrar la solución cuando dejo de buscarla. Ideas felices,las llaman ;)

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