domingo, 3 de agosto de 2014

El canto de la chicharra.

A la cigarra siempre la hemos llamado chicharra en mi casa. No sé si por una particular forma del lenguaje de la zona, o porque aparecen con el calor más sofocante.
Quizá también porque, en general, el sonido de su canto le suele resultar molesto a la mayoría de las personas que conozco.

Es como un rascado rápido, rítmico, persistente, que llega a convertirse en una especie de zumbido que lo invade todo, que se vuelve uniforme, y que, cuando desaparece, genera una súbita sensación de descanso.

Sin embargo, a mi me gusta ese canto. No siempre lo oigo, las cigarras no siempre están. Algunas especies son anuales, pero otras no. Y, donde vivo, no es común escucharlas. Por eso, cuando nos premian con su sonido, me producen una sensación de cercanía inmediata, de calor abotargado, de reposo obligado, de siestas en las que todos duermen mientras yo vago por campos de trigo tostado al sol con los ojos abiertos.

Es un alto en el camino, es como si generaran un estado alterado de conciencia. De mi conciencia.
Un estado en el que vuelvo a Castilla, a pasear por pueblos modestos y caminos de tierra, a jugar a hurtadillas intentando no perturbar el descanso de los adultos, a encontrar pequeños tesoros ofrecidos por la naturaleza, como una piedra curiosa, una amapola en medio de un bloque de cemento, o un gato con una mancha curiosa, a última hora de la tarde, antes del baño y posterior cena.

Otras veces, vuelvo a estar tendida sobre ese torso fuerte y generoso que tanto adoro, siempre presto, coronado por una sonrisa perfecta y amigable, confiable y confiada, bajo la mirada de un semidios hecho carne que, aún de vez en cuando, tiene a bien visitarme y regalarme momentos de calor, amor e intimidad sin pretensiones.

La chicharra anuncia renacimiento. Tú no podrías tener mejor heraldo.

3 comentarios:

  1. nunca he sabido identificar que animalico es la chicharra... :(

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    1. Si un saltamontes y un grillo tuvieran un hijo, sería así. Con las patas de su padre, serradas y largas, con su color de piel entre verde y tostado, y la altura de su madre, corta, de cabeza cuadrada, aunque no tan negro como el grillo, y con una voz no tan agradable como la de su madre grillo, pero sí más persistente.
      Siempre puedes recurrir a google, que lo sabe todo, pero no te lo va a contar con tanto amol.
      besos!

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    2. Ya, el señor San Google sirve pa to... pero a mi casi me gusta más que la naturaleza me sorprenda... algún día alguien me presentará a una y flipare

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