martes, 6 de enero de 2015

Playas de arena rosa

Este post debería haber salido ayer, porque llevo con el run-run en la cabeza sobre escribirlo un par de días, pero me pudo la pereza. Maaaaaaaaaaal. Este año no se lleva nada.

Me fascinan las imágenes de playas de arena rosa. Son especialmente bonitas, tienen un punto mágico. A veces creo, incluso, ver al fondo un unicornio paseando tranquilamente por allí, dejando sus huellas en este fantástico suelo, suave, fino, ensoñador,...

Sé que el color de esta arena tiene una explicación científica, pero soñar es gratis, bonito, y edificante. Relaja y hace que la creatividad y el buen humor crezcan.

Cuando algún resabidillo te quiere romper el momento con su impertinente rentintín de bajadelanubesoboba dicíendote: "No es tan mágico, simplemente es que (lo buscáis si os interesa, que los spoiler no me caen bien)", es como si te golpearan con el despertador en la cabeza. Fuerte, sonando, a las 5 de la mañana, y en plena fase REM.

Si queréis saber dónde están esas playas rosas, podéis tirar de google. También hay playas verdes, naranjas, grises, rojas, negras,...Os dejo enlaces aquí , aquí, y aquí.

Estamos en enero, pero nunca es demasiado pronto para ir pensando qué lugar del mundo nos gustaría visitar.


domingo, 4 de enero de 2015

Espejos

Eras mi espejo.
Hace poco lo entendí todo. A veces cuesta asimilar las cosas, descifrar el mensaje, integrar la enseñanza, y actuar en consecuencia.

Cada reproche que te hice, cada cosa tuya que me molestaba, era mía. Y no me daba cuenta.

El no hablar en serio, el escudo protector que me impedía conocerte y que tan blindado me encontré en tu persona, el miedo a dejarte conocer, eran míos.

La falta de compromiso, el exceso, la broma, la superficialidad, la mentira, eran míos. Eran tuyos, pero eran míos, porque tú me reflejabas. Y no me daba cuenta.

Ha tenido que pasar el tiempo, el espacio, y la vida, para que un día, sin saber por qué, mirara el espejo desde otro ángulo, le diera la vuelta, y me encontrara un antiguo yo que se parecía a ti. Tú me reflejabas. Yo te devolvía ese reflejo. Y así caímos en la trampa del juego de constante refracción que parecía infinito, pero no lo era.
Y no lo era por el simple hecho de que, si en algún punto no me hubieran molestado esas cosas, esa cadena no se hubiera roto, y seguiríamos en bucle, haciéndonos daño mutuamente, esforzándonos por no dejarnos atrapar por la persona con la que, en realidad, deseábamos fundirnos más que respirar.

Me pregunto si hoy, que soy una persona muy distinta y muy alejada de aquella imagen, volvería a obtener en ti mi reflejo, mi nuevo reflejo. Si seguirás siendo mi espejo. Si has cambiado conmigo, aunque sin mi.

sábado, 3 de enero de 2015

Vuelve el amor

Lo primero de todo, Feliz año 2015, y todas esas cosas que nos pasamos diciendo hasta, más o menos, agosto.

Eliminado el protocolo, me paso por aquí para saludaros, para preguntaros por esas fiestas, por este mes largo que me he tomado de vacaciones en el blog, y que tanto necesitaba.

Diciembre ha sido complicado para mi por varias cuestiones, pero una en especial fue la que más energía me ha consumido y más me ha tocado la moral. En fechas de tocar la pandereta, ya se sabe.

Durante el puente, mi cámara de fotos decidió pasar a mejor vida...para ella. A mi me abocó al abismo del vacío de imagen y al monazo que siente un turista japonés sin su tecnología a mano. No soy japonesa, pero algún gen mío debe serlo, porque es ver un aparatito de estos y quedarme medio hipnotizada. Vicios tontos que pilla una.

El caso es que me tuve que comprar otra de urgencia, y tardo en llegar una semana. Y el mono alcanzando el nivel de orangután, por tamaño, y por rojo (de ansiedad) Y la cámara no era lo que esperaba, y tuve que devolverla. Y otra semana más. Y el orangután pasó a gorila. Y me harté, y me fui a un lugar de gente que no es tonta, y me compré la que me hizo ojitos desde su perfil en internet. Y llegó el amor. Me abracé a ella, y no la soltaba ni para ir al baño. ¿Tenéis esa imagen del niño pequeño con su oso de peluche por toda la casa, la calle, el coche, el avión, el desierto de Arizona,...? Lo mismo, pero con una adulta y una cámara.
Y las aguas volvieron a su cauce, volví a dormir del tirón, ya no me levantaba cabreada y ansiosa, y hasta tuve ganas de nuevo de escribir.

Puede que sea exagerado, pero es que mi relación con mi cámara es algo muy personal. Y un poco raro, lo sé. Pero me da igual. Ella me ama, yo la adoro, y somos felices.
Ya os invitaré a la boda (de alguien, le decís que váis de mi parte)