domingo, 4 de enero de 2015

Espejos

Eras mi espejo.
Hace poco lo entendí todo. A veces cuesta asimilar las cosas, descifrar el mensaje, integrar la enseñanza, y actuar en consecuencia.

Cada reproche que te hice, cada cosa tuya que me molestaba, era mía. Y no me daba cuenta.

El no hablar en serio, el escudo protector que me impedía conocerte y que tan blindado me encontré en tu persona, el miedo a dejarte conocer, eran míos.

La falta de compromiso, el exceso, la broma, la superficialidad, la mentira, eran míos. Eran tuyos, pero eran míos, porque tú me reflejabas. Y no me daba cuenta.

Ha tenido que pasar el tiempo, el espacio, y la vida, para que un día, sin saber por qué, mirara el espejo desde otro ángulo, le diera la vuelta, y me encontrara un antiguo yo que se parecía a ti. Tú me reflejabas. Yo te devolvía ese reflejo. Y así caímos en la trampa del juego de constante refracción que parecía infinito, pero no lo era.
Y no lo era por el simple hecho de que, si en algún punto no me hubieran molestado esas cosas, esa cadena no se hubiera roto, y seguiríamos en bucle, haciéndonos daño mutuamente, esforzándonos por no dejarnos atrapar por la persona con la que, en realidad, deseábamos fundirnos más que respirar.

Me pregunto si hoy, que soy una persona muy distinta y muy alejada de aquella imagen, volvería a obtener en ti mi reflejo, mi nuevo reflejo. Si seguirás siendo mi espejo. Si has cambiado conmigo, aunque sin mi.

2 comentarios:

  1. Ya sabes lo que dice el dicho de Heráclito...ni el río ni el hombre son los mismos ;)
    Un besazo.

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    1. Cierto, pero nunca se sabe lo que puede suceder al mirarse en un espejo antiguo.
      Besos!

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