sábado, 8 de agosto de 2015

Paul

Tenía buena planta. Alto, facciones rectangulares, extremidades largas, fuerte sin parecer un adicto al gimnasio, y con una espalda algo más ancha de lo que correspondería al contorno de sus brazos.

Vestía bien, al menos, mientras estaba de servicio, más allá, aún desconocía ese detalle; y llevaba un corte de pelo pulcro, ni moderno, ni clásico.

Sus ojos eran cálidos, y sus cejas rectas inspiraban confianza. Pero yo desconfiaba sin conocerle, porque me recordaba demasiado a alguien que no me resultó de fiar. Al menos, no en el sentido en el que yo hubiera deseado que lo fuera.

No está bien prejuzgar, pero esa semejanza con Víctor era un arma de doble filo. Mi cabeza iba a más revoluciones de las que era capaz de procesar. Cada juicio se tapaba con una negación que, a su vez, descartaba una nueva idea sobre aquél tipo. Me costó todo el viaje de vuelta el separar a un hombre del otro.

Al fin y al cabo, en ese momento, no sabía ni su nombre, ni tenía idea de volver a ver a aquél chófer tan amable y apuesto por el que sentí una atracción inmediata; en parte, porque era atractivo, en parte, porque me recordaba demasiado a una persona, tan tóxica como venial para mi, que parecía no querer abandonar mi vida.

Más tarde, descubriría semejanzas y diferencias entre ellos, y podría separar a Víctor de Paul, y a Paul de Víctor, y mezclarme entre los dos, a ratos perdida, a ratos hallada.

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