jueves, 6 de agosto de 2015

Re-regresar

Fue como un chispazo, como si se hubiera disparado un resorte, y mis ojos se hubieran abierto de golpe.

No sé si fueron las palabras en sí, o el hecho de no ser consciente de lo que acababa de decir hasta un segundo después de haberlo oído con mi propia voz.

Quizá llevaba demasiado tiempo dormida, y tal vez ni tan siquiera me había dado cuenta de que siguiera estándolo hasta ese momento. Habían pasado tantos días, tantos años, ...tantas cosas, que daba por hecho que mi nuevo yo era así, que mi nueva vida era esa.

Sólo en ese momento me percate de que una leve grieta asomaba en el transparente, aunque algo turbio, seguro cascarón en el que me había refugiado.

A veces, volver al lugar que marca un final, es la mejor forma de recoger el cabo suelto para continuar tejiendo tu propia vida. La que tú quieres, esa en la que participas, arriesgas, y te permites ilusión y pasión.

Pero quizá no fueron solo esas palabras que dije, quizá fueron las de Paul, dándoles pie, tal vez su presencia, su voz, su compañía, su aparición en escena, los artífices de la apertura a una nueva realidad, escondida ante nosotros.

Es curioso cómo la vida te va poniendo en el lugar en el que necesitas estar para reconducirte. Jamás pensé que París, esa ciudad a la que dudaba que fuera a volver, sería la clave de todo.

Ahora que comenzaba a abrir los ojos, ahora que empezaba a conocerla y a sentirme cómoda en ella, sólo me quedaban 8 horas para regresar a casa y decidir qué iba a hacer con todo eso. Y con Paul.

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