viernes, 23 de diciembre de 2016

Oh, Brother!

Siempre quise tener un hermano.
Es más, siempre he tenido la sensación de que el mío se perdió por el camino. Que tendría que haber llegado conmigo, o poco después, pero no sé porqué razón, quizá por mi propio ímpetu, no llegó a hacerlo.

Quizá hubiera tenido que, incluso, venir varios años después que sus hermanas, pero algo se lo impidió.

Quizá sólo sean imaginaciones mías, o sensaciones propias, pero echo de menos a un hermano que nunca tuve.

Me hubiera gustado tener ese hermano varón para que me diera otra visión del mundo desde la perspectiva de unos ojos masculinos, cercanos, y sinceros, sin tapujos, y hasta con cierta malicia, como hacen los hermanos cuando juegan a cuidarse sin que se les note.

Habría sido muy reconfortante saber del sentir de una persona del otro género a quien pudiera preguntar sin tabúes y, a la vez, poder ayudarle en su relación con las mujeres. Creo que ambos habríamos salido ganando.

Nunca sabremos a ciencia cierta, la razón de su no llegada, pero espero que su alma encontrara una familia donde crecer y desarrollarse como persona.

A veces me imagino que, incluso, nos conocemos, que es algún amigo mío, y que andamos camuflados bajo nuestra propia identidad, esperando que nos den permiso para revelar quienes somos y por fin soltar unas buenas risas y darnos un abrazo tras ganar el concurso.

Estés donde estés, te quiero, hermano. Sé feliz.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cuesta arriba

Hace calor para estas alturas de diciembre. Al menos, cuando te toca caminar media horita a mediodía cargada hasta las orejas con una mochila algo pesada, y más ropa de abrigo de la que necesitas. Pero claro, de haber sabido que la moto te iba a dejar tirada, habrías elegido otro atuendo y replanteado tu carga.

No estaba precisamente de buen humor, ni de malo. Sólo cansada de un mes interminable, de un año pesado como la condena de Sísifo, al que hasta el último minuto parecen salirle nuevos pelos en la nariz, feos y molestos. No te matan, pero te incordian y te dan trabajo extra.

Y te ví, o eso creía yo. El gesto se me cambió de forma automática, antes de darme cuenta de que no eras tú, pese a que miré a aquél hombre joven varias veces para asegurarme de su identidad.
El yo que creía que eras tú reaccionó antes de que pudiera echarle el freno.
Pensó que, una vez más, aparecías con tu impecable aspecto y tu sonrisa, con esa presencia que encaja genial en cada foto, mientras que yo estaba hecha un cuadro, con ropa vieja de deporte, despeinada, y cansada. Esa desigualdad que tanto te divertía, y que a mí me sacaba tanto de quicio, porque también tengo un yo divino, un estilo impoluto, y un aspecto radiante en más de una ocasión, pero coincidíamos poco cuando podía jugar en igualdad de condiciones.

Eras tú. Podrías haber sido tú, aunque, ¿qué narices hacías o harías tú allí? No era tu escenario, ni siquiera era tu edad.

Entonces me di cuenta de dos cosas: del tiempo que hace que nos conocemos, del tiempo que esta historia da vueltas, de los años que nos hemos perdido juntos, y de que me hubiera gustado que fueras tú, aún hecha un desastre, porque jamás me lo echaste en cara. Era yo tirándome piedras en mi propio tejado.

Aún tenemos pendiente ese café.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La bolsa

Me senté en un banco de aquella plaza para recomponerme.
Tras una mañana intensa de gestiones y compras, necesitaba hacer recuento de tareas, adquisiciones, tickets, y hasta efectivo disponible en la cartera.

Unos niños jugaban alrededor. Ya no es fácil ver niños jugando entre ellos, todos parecen más entretenidos escondiendo la cabeza tras la pantalla de móviles y tablets, pero me sacó una sonrisa ver que aún hay esperanza para las nuevas generaciones.

Algo sucedió durante el juego, y, cuando me quise dar cuenta, uno de los niños corría hacia una bolsa que parecía dejada por descuido, o por incivismo, fuera de un contenedor. Vi cómo su pierna retrocedía, el talón se alzaba, y cogía impulso para propinarle una estupenda patada a aquél objeto abandonado, sin motivo alguno, más que la naturaleza impulsiva de esa edad.

Noté cómo se me aceleraba el pulso y se me cortaba la respiración, me vi a mi misma saliendo de mi cuerpo, gritando ¡NO!, advirtiéndole del peligro, mientras esperaba el estruendo que precede al pitido de oídos, a la tierra ejerciendo como proyectil contra nuestras caras y cuerpos, al destrozo que provoca un explosivo.

Recordé en un momento todas las advertencias que nos hacían cuando yo tenía la edad de estos chicos: no golpees las papeleras, no des patadas a ninguna bolsa o bote abandonado, no recojas mochilas que no conozcas ni les des ningún golpe, aléjate de los coches de policía cuando veas 2 o 3 aparcados juntos y varios agentes, pasa de largo si te encuentras con alguna detencíón, cambia de dirección si es preciso y evita mirar fijamente la escena, ...

El pie del crío alcanzó la bolsa, y sólo salió un montón de basura de ella, pero podría haber sido mucho peor.

Yo fui niña en los 80, y aún hoy lo soy por un segundo. Un segundo de terror.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Reencuentro

A veces la vida da tantas vueltas para acabar en el mismo punto, que ni sabes cómo lo hace.

Esa mañana no estaba yo en mi mejor momento. Mala noche, algo de frío, y poco descanso durante la semana, pero me puse mi mejor cara, y me fui a trabajar, aún teniendo que madrugar un poquito más que el resto de días. Sarna con gusto no pica, dicen por ahí.

Respecto a lo que eran "mis labores", terminé pronto. Es lo que tiene formar parte de un equipo en el que tienes que actuar antes de que lo hagan los demás, preparar el terreno y luego, hasta pasado un tiempo prudencial, no es necesario revisar si hace falta retocar algo.

Cuando llegó el segundo equipo, algo me resultó familiar, pero no fui capaz de reconocerte, por eso me alegré tanto cuando tú te acercaste y me diste datos tan concretos que pude dibujar una fotografía en mi mente, y retrotraerme hasta hace 8 años, cuando trabajamos juntos durante unos meses. Fue muy bonito ese breve reencuentro, porque te tengo mucho aprecio. Confiaste en mí sin conocerme, y me hiciste muy fácil el camino en un momento en el que mi vida hacía juegos malabares, y mi tiempo era caótico.

Sin embargo, me apenó ver ese halo de tristeza cuando hablabas de lo que habías conseguido en ese tiempo; o, mejor dicho, de lo que no habías conseguido, y considerabas aquello a lo que no habías llegado un posible "éxito".

Me encogió el corazón ver que, esa persona tan buena que me había encontrado una vez, se había dejado engañar por el convencionalismo y las voces externas, e intentaba justificarse. Me pregunto si realmente para ti eso era el triunfo, porque creo que no, y espero que alguna vez podamos hablar un poquito más, y descubrir qué es para ti el éxito, y, sobre todo, valorar lo que sí has conseguido, lo que tienes en tu vida, y todo aquello que te hace sonreír.

Un abrazo, compañero.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Los 40

Hay mucha gente que se agobia con la llegada de su cumpleaños número 40. Es como si se les agotara el tiempo, y como si tuvieran que demostrar al mundo que se merecen ser respetados, pese a llegar a tan ignominiosa edad, por haber hecho las cosas bien, cumplir con determinados cánones y buenas costumbres, y poder lucir méritos en su medallero personal.

Sin embargo, no es tan fiero el león como lo pintan. Es más, para mí fue un momento de catarsis liberador.

Fue cumplir 40 años, y es como si me quitaran una mochila de encima, pese  que mi vida no es, ni ha sido, ni será, algo parecido al convencionalismo.

Se me fue toda la tontería de golpe, me dejaron de preocupar temas que, durante años, incluso décadas, ocupaban gran parte de mi tiempo y mi energía. El no estar perfecta, el cumplir ciertos protocolos para agradar en determinados ambientes, el emitir opiniones dispares que sabía de antemano que no eran lo que se esperaba y que, incluso, podría crispar los nervios de algún enfermo de susceptibilidad, pasaron de ser motivo de estrés a ser motivo de diversión. Tampoco es que buscara una posición políticamente incorrecta, pero dejé de fustigar mi propia naturaleza, de por sí, irreverente y rebelde.
De estar pendiente de pasar revista y que me aprobaran, pasé a ser yo la que buscara la reacción ajena, y aceptarla, fuera la que fuera.

No es que me haya preocupado mucho el cumplir con la expectativa ajena sobre mi persona, pero a todos nos gusta ser aceptados, y, a veces, invertimos demasiado esfuerzo en querer colarnos en una fiesta en la que, seamos honestos, sabemos que nos vamos a aburrir soberanamente. Llegar a los 40 también fue elegir el barecito de enfrente, mucho más sencillo, y con un ambiente más ameno, a ese club de pacotilla y humo.

Te vuelves más natural, más sincera contigo misma, eres tu mejor amiga, te entiendes más, te aceptas tal cual eres, y te ríes de tus propias miserias. La relación con tu cuerpo se torna más relajada, más amable, y piensas en cuánto daño te has hecho a ti misma, prohibiéndote determinadas cosas, y castigándote cada vez que te saltabas unas absurdas normas autoimpuestas. Aprendes a divertirte con tus propios defectos, y a mejorar lo que se puede mejorar, con sensatez, y, sobre todo, porque tú quieres, pero no porque no te sientas bien por no ser ya como te gustaría llegar a ser.

Tus relaciones con los demás tampoco escapan a ese cambio. Seleccionas más, haces limpieza de armarios, y, pese a que sigues abierta a conocer a nuevas personas, no le abres la puerta de par en par a cualquiera, aunque puede que sí se la cierres a algunas viejas amistades que dejaron de serlo hace años.

Asumes tus pasos, incluso los erráticos, y tus decisiones. Aceptas que te equivocaste, y hasta puedes encontrar alivio en no sentir la necesidad de disculparte o reparar ciertas cosas. Hay circunstancias que prescriben por sí mismas, lo hecho, hecho está, y no hay más vuelta. Pasó, y ya. Ahora es cuando comienzas a caminar sin lastre. Si otras personas quieren seguir enredadas en esa madeja, es asunto suyo, no tuyo. Si quieren aclararlas, y te apetece, perfecto, hazlo; si no, deja clara tu posición, con calma y educación. 

Has llegado a respetarte y a verte, que no es moco de pavo.Y, lo más bonito, a dejar que te vean, sin miedos, sin filtros, sin tapujos. 

Quien quiera caminar contigo, será bienvenido. Quien te reclame deudas antiguas y critique tu nueva actitud, no merece espacio en tu vida. Recuerda, el reloj sigue avanzando, y tienes muchos cosas que descubrir aún en tu propia compañía, ahora que, por fin, la has encontrado.

¡Felices 40!

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Cuando pude volver, y no quise.

Todos tenemos una historia. En ella, hay un momento clave, una fase que hemos vivido de una forma intensa y especial, que nos hizo grandes y pequeños a un tiempo, que nos marcó tanto que siempre recordamos, se cuela en nuestros sueños, y se torna atemporal, porque ni siquiera piensas en si pasaron años o días desde que tocó a su fin. Siempre está ahí, contigo.

Paro la vida continúa, y, aunque de vez en cuando mires atrás, o ella te toque el hombro para llamar tu atención, sabes que ya no está. A veces, sólo a veces, te gustaría volver a vivir un ratito en ese escenario, pero sabes que la emoción, que la vivencia, no será la misma, porque tú ya no eres la misma persona. Tu mundo ha cambiado, y tú con él.

Lo curioso es que no eres plenamente consciente de esto hasta que, un día, se plasma ante ti una realidad que te permite dar ese salto, volver a hacer aquello que te llenaba, volver a vivir, brevemente, un retal de esa manta de sueños. Sólo entonces te das cuenta de que ya no estás allí, de que ya no eres quien eras, de que ya no quieres lo que querías, y de que prefieres seguir evocando tu recuerdo idealizado a crear una nueva galería de fotos a base de un esfuerzo que, siendo honesta, no te merece la pena.

No puedes bañarte dos veces en el mismo río. No puedes volver al lugar donde fuiste feliz. Pero, quien tuvo, retuvo, y puede seguir soñando.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Diarios

Escribe. Aunque sea una basura, pero escribe.

Eso decía el personaje de un profesor en una película que pretendía ser de humor, pero que, al final, trataba de miserias humanas, de aceptación, y de cambio.

Tenía la teoría de que, cuando empiezas a escribir en un diario, la primera semana sólo escribes tonterías, cosas sobre los demás.
Lo interesante llega cuando ya has adquirido el hábito y te sientes cómoda hablando de temas más íntimos, con más contenido, y que, realmente, sirven de purga personal, que, al fin y al cabo, es para lo que se destinan los diarios; al menos, los de los adultos.

Recuerdo haber tenido algún diario de niña, como recuerdo haber medido muy bien qué escribía en él, por si lo encontraban. Prefería memorizar mis vivencias a dejarlas libres, por ahí, sin control.
Desde el punto de vista de un adulto, seguramente eran cosas sin importancia, pero, para mí, era mi mundo y su drama, y no estaba al alcance de cualquiera que pudiera manipularlo y hacerme daño. A mí, o a alguno de los míos.

Sin embargo, siempre he buscado algún medio de expresión, y he recurrido a diferentes técnicas para expresar aquello que me nacía, ya fuera basado en hechos reales o no.
El blog es una buena forma de hacerlo, aunque, lo queramos admitir o lo neguemos, las nuevas redes sociales se van comiendo este tipo de publicaciones.

Creo que todo tiene su espacio y su función, y que todo puede convivir.

Por otro lado, tampoco busco que este blog sea mi diario, sólo quería escribir hoy.
Recuerda: Escribe, aunque sólo sea por placer.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Cuando no estás

Cuando no estás, no estás, y punto.
No te encuentras, no estás cómoda, no tienes la cabeza ni aquí ni allí, y en todas partes a la vez.

Todo te sobra, todo te falta, el tiempo va más rápido que tú, tus tareas no cunden, y Cronos se burla de ti, te saca la lengua mientras te rebasa sin despeinarse, y al tiempo que intentas disimular tu cara de pasmo, tratas de averiguar dónde se fue tu día.

Estás inquieta, hiperactiva y sin ganas de hacer nada al mismo tiempo. Con ganas de correr y de esconderte bajo la manta y no moverte a la vez. Vivo sin vivir en mí, que decía la Santa.

Así que, como no estoy, me voy. A dar una vuelta, a pasar la tarde conmigo, a charlar profundamente con mi interior, o a acompañarme en silencio mientras dejo que todo siga su curso.

Vuelvo enseguida. El domingo, para más señas.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Mudarse sin moverse.

Me he mudado. Al menos, esa es la sensación que tengo.
No he cambiado de casa, pero me he mudado.

Muchos vecinos que estaban han dejado de estar, y ahora hay otros muy diferentes a los que apenas conozco de vista. No es que a los otros los conociera mucho más, salvo notables excepciones, pero el cambio en la configuración humana, se nota.

Ese cambalache ha traído también un escenario diferente, ya que las terrazas y zonas externas han cambiado de aspecto, y, en muchas ocasiones, no para bien, precisamente. Pasar de ver un jardín precioso a una terraza con dos sillas y una bolsa de basura es deprimente.

Los sonidos tampoco son los mismos. Hay otros idiomas y otras voces, otra forma de hablar, y hasta otro volumen, no siempre cordial, o no siempre oportuno.

Muchos de los locales de negocio de la zona que llevaban años, o han cerrado, o han cambiado de propietario, o han abierto otra cosa en el cerrado, o un poco de cada. Por lo tanto, hasta mis costumbres de compra se han modificado por arrastre.

Por si esto no fuera suficiente, las obras urbanísticas, que dudamos terminen algún día, están transformando nuestras calles, dándoles un aspecto con poco sentido para el tipo de zona que es, y eliminado muchas zonas de aparcamiento sin crear una alternativa al respecto. Sí, las aceras son más anchas y modernas, pero cuando los edificios son, en su mayoría, antiguos, y no tienen plaza de garaje, es como para sentarse con quien ha diseñado este plan y preguntarle seriamente si tan siquiera se ha dado una vuelta por la zona antes de modificarla.

El ámbito laboral no se ha librado. De la noche a la mañana, me he topado con un nuevo equipo de trabajo que, como previamente trabajaba unido, te considera a ti la nueva, y ha habido que hacer un trabajo de adaptación mutua que nos ha llevado más de un mes;aparte, los temas inherentes al desarrollo de la labor que, más o menos, parecen haberse encarrilado hará 4 días exactos.

Si a todo esto le añadimos temas familiares que hacen que la configuración existente se resquebraje y cause inestabilidad y una creciente sensación de desconcierto, os puedo decir que tengo la incómoda impresión de haberme mudado sin moverme, por apurar, ni de mi habitación.
Y lo peor es que ni quería hacerlo, ni me gusta. Vamos, que me han mudado sin permiso.

A ver si acaban de colocar los muebles, y empiezo a ponerlos yo a mi gusto, porque con tanto movimiento, me mareo.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Dormir más, y el sentimiento de culpabilidad

Basta que diga que tengo ganas de escribir y de contar cosas, y que se me líe la madeja y no pueda aparecer por aquí en más de un mes. Así que creo que lo haré por sorpresa, y así despisto al hado travieso que se entretiene en jugar conmigo y con mi blog.

Ahora mismo hay una campaña que invita a los adultos a dormir una hora más, porque resulta que eso que nos decían desde niños, que hay que dormir 8 horas al día, nos lo pasamos, con creces, por el arco de triunfo; y ya no hablo sólo de adultos, que si nosotros necesitamos 8 horas, los más pequeños, que se están formando aún, necesitan más, y cada vez veo más críos sin horarios determinados de sueño, acostándose casi a las 12 de la noche, y trasnochando con sus padres hasta las 2 o las 3 de la mañana cada vez que se tercia.

O yo soy muy antigua, o algo se nos está yendo de las manos.

El tema del sueño es más importante de lo que parece, es nuestro tiempo de recuperación, de que el cuerpo haga balance de lo que ha sucedido durante el día, se re-equilibre, y repare lo dañado; pero, si confundimos dormir con no hacer nada, con perder el tiempo, es lógico que, cuando alguna vez le cogemos más cariño a la cama de lo normal, hasta nos sintamos culpables, en vez de pensar que quizá hemos excedido nuestras fuerzas, y que nuestro cuerpo nos esté pidiendo un poco más de calma.
Pero no, hay que rendir, hay que ir a tope, hay que hacer mucho y dormir poco, hay que ir hasta arriba de café y de excitantes que nos permitan aguantar, y si nos da la bajona, una pastillita, y a seguir, no sea que nos llamen flojos.

Pues ustedes me van a perdonar, pero yo, si tengo sueño, me voy a dormir. No tengo que demostrar nada a nadie, ya sean las 10 o las 12 de la noche. Y mira que no soy dormilona, pero si tu cuerpo te pide siesta, siesta le tienes que dar. O atente a las consecuencias.

#Duerme1HoraMás Por ti, por tu corazón, por tu cerebro, por tus tejidos, ...porque te lo mereces.

martes, 27 de septiembre de 2016

Con salsa agridulce.

No todos los encuentros y reencuentros conducen a buen término. Tampoco conducen, necesariamente, a la discusión.

Me sorprendió verte en aquél ascensor, y más aún, cruzarme de nuevo contigo 1 hora más tarde en un pasillo. Sin noticias tuyas en más de 10 años, y en un día, nos encontramos 2 veces. Tres, si contamos con el mensaje que me dejaste en el teléfono.

La verdad es que me hizo ilusión tener la oportunidad de ponernos al día, y me alegré por tus triunfos, pero algo no encajaba, y estuve toda la noche dándole vueltas a esa coincidencia, y a la nueva cita que me proponías.

Tantas vueltas le dí, que me desperté a tiempo de ver las estrellas antes de amanecer. Lo cierto es que no recordaba que se apreciaran con tanta nitidez desde este lugar, y me alegré del desvelo.

Recordé cómo había sido nuestra relación años atrás, cómo los momentos de conflicto, o del agotamiento que me producía que constantemente tiraras de mí y de mis recursos, fueron fuente de alivio cuando desapareciste de mi vida. Por supuesto que te tenía cariño, y te lo tengo, y te deseo lo mejor del mundo, pero no a mi lado.

Es muy duro decirle adiós a una persona que quieres y que, a su manera, te quiere. No es plato de gusto poner una barrera y separar vuestros caminos de nuevo. Es realmente impactante darte cuenta de que no hay espacio para esa persona en tu vida, y, sobre todo, que no estás dispuesta a crearlo.
Ni tú, ni ella sois las mismas, y tampoco te apetece conocerla, y, mucho menos, que te conozca. Cuando sientes que no quieres más trato con alguien que algo casual, es mejor dejarlo claro cuanto antes; ya sea una relación amistosa, sentimental, o incluso de negocios.
Una cosa es echar un polvo, y otra comprometerse.

No es egoísmo, es supervivencia, pura y dura. De la primera persona que tienes que cuidar es de ti misma, y no todas las relaciones te van a hacer bien, y lo sabes. Si te escuchas, lo sabes.
Todas hemos vivido alguna relación tóxica, y la reconocemos cuando se nos vuelve a cruzar. Si hemos aprendido la lección, claro.

De verdad que te agradezco cada segundo que me has dedicado, y la esperanza en un nuevo viaje juntas. Lamento haberte defraudado, quizá me equivoque, pero no lo creo. La experiencia y las cicatrices me dicen que no, que es un acierto, y que es mejor así para ambas partes.

Me quedo con sabor agridulce. Dulce, por el recuerdo y el cariño de dos personas que vivieron muchas cosas en una etapa importante de sus vidas; agria, por la realidad de quienes somos ahora, y de lo que nos podemos aportar mutuamente. Si el resultado de la suma es negativo, no interesa hacer cuentas.

Sé feliz.
Hasta siempre.

miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Cuánto dura el verano?

Hoy es un día tormentoso, y, aunque sé que aún nos quedan muchas jornadas de sol, días de asueto, playa, y terraceo, para mí, el verano terminó hará unos 3-4 días.

No es que se hayan acabado mis vacaciones, y me ponga dramática por eso, sino que, como ya expliqué cuando abrí este blog, hay una serie de señales ambientales que, en mi opinión, nos dan la pista de que algo está cambiando: el tipo de luz, la hora en que amanece ya no es tan temprana, el atardecer llega antes, incluso el aire huele diferente.

Como dije en aquél post, suele haber una tormenta por medio que nos indica el punto de inflexión. 
Esta mañana, el reloj no marcaba ni las 7:00 cuando sentí caer una lluvia intensa. "Ya está aquí", me dijo esa vocecita interior que me confirmaba lo que hacía varios días venía rumiando y que no compartí en público porque decir que se ha terminado el verano antes del 10 de agosto puede provocar un cisma cultural, y hasta costarte el exilio, y estoy de vacaciones, recordad.

Pero ese no es el tema principal de hoy, sino algo a lo que le llevo dando vueltas varias semanas, ¿Cuánto dura en realidad el verano?

En nuestra mente, si nos ceñimos a cómo nos preparamos para él, parece que unos 6 meses. Hacemos con mucha ilusión compras específicas de ropa de la que no nos pondremos ni la mitad, entre la que podemos incluir varios modelos de bikinis, bañadores, y zapatos que se quedarán por estrenar no un verano, sino puede que varios.

Eso, por no hablar de la cantidad de maquillaje, geles y cremas de olores especiales, y todos los botes, formatos, y texturas de protectores solares que atesoramos en un momento, por si hay una invasión alienígena y son fotosensibles. Cuidado, no me parece mal estar bien provista de estos productos, y usarlos todo lo necesario y más, pero recordad que hay más botes en las tiendas, que no hace falta tenerlos todos en casa, y que caducan. Un fotoprotector que se ha abierto no conviene guardarlo de un año para otro.

También planificamos nuestras vacaciones con esmero, con tantas actividades que muchos necesitan vacaciones de las vacaciones porque llegan agotados de lo que, se supone, es su momento de descanso y desconexión. ¿No sería más rentable quedarse con la mitad del tiempo planificado, y dejar que la improvisación rellene el resto? Esa es parte de la gracia del verano, un tiempo de impass en la que nos dejamos llevar un poco más que el resto del año, lleno de notitas en las agendas, y obligaciones por doquier.

Nada más lejos de mi intención decirle a nadie cómo vivir su verano, pero, ¿no os da pena comprobar que se ha terminado la estación estival antes de lo que nuestros botes de cremas y geles veraniegos han visto el fondo, antes de haber conseguido estrenar todos los modelitos especiales?¿Antes de haber visto a todos los amigos que querías ver, y tomarte esa caña de última hora con ellos porque estabas haciendo un viaje que podrías haber finalizado un día antes?

A mí, en parte, algo sí.

domingo, 31 de julio de 2016

Vacaciones, cerveza, y espiritualidad.

Habrá quien piense que, con tantas ganas que tenía de escribir otra vez, parece mentira que haya desparecido una semana. Pues sí, mira, así son las cosas. Que tenga ganas de escribir no significa ni que vaya a hacerlo cada día, ni que pueda hacerlo cada día.

Como ya habréis observado, mi ritmo con este blog es bastante irregular. De veras que intento corregirlo, pero no me sale. Me lo podré de propósito de fin de año y esas cosas (si me acuerdo)

Ayer mismo comenzaron mis vacaciones oficiales. Y son oficiales porque, oficialmente, me he obligado a tomármelas, y no ha sido fácil.

Pese a que llevo disfrutando de tiempo libre de obligaciones un mesecito, las tareas que una se autoimpone son más peligrosas de degenerar en rutina esclavizante en cuanto te descuidas. Con eso de que el tiempo es tuyo, que el ritmo lo marcas tú, etc, caemos en la falsa ilusión de que hacemos las cosas porque nos apetece, y un día descubrimos que planificamos absolutamente cada paso, cada frecuencia, cada idea, ...y eso, salvo que seas un obseso del orden, no es disfrute. El disfrute tiene que ver más con el relax, con la improvisación (aún dentro de un orden), y, sobre todo, con la libertad de movimiento. Pero cuando tú misma te encorsetas en una dinámica, ese gozo puede llegar a desaparecer, y, antes de tomarle manía a algo que te aporta mucho, y bueno, es mejor parar y respirar.

Por eso, esta semanita he hecho un sprint, me he organizado, he terminado con las tareas pendientes y me lo he dejado todo ordenado, bonito, y cerradito para poderme dedicar, como mínimo, un par de semanas, al dolce far niente. Me he dado vacaciones de mí misma. A ver qué tal se me dan, porque con eso de que no soltamos el móvil así nos maten, que estamos todo el día enganchados a las redes sociales y medios de distracción masiva, y que solemos buscar el perpetuar nuestras costumbres allá donde vamos, es complicado, más, si te quedas en casa.

Personalmente, creo que es más fácil romper ese círculo vicioso cuando te vas unos días a otro lugar, con otras personas, otra casa, otra ropa, y te tienes que amoldar a lo que haya. Aunque hay quien se lleva la casa puesta, y no sabe desconectar el correo del trabajo. Cuando vuelvas, si se ha quemado la oficina, mala suerte, no era tu turno.

Sin embargo, poner el freno de mano y generar nuevas rutinas para una temporadita, aunque sea en tu residencia habitual, puede ser desde desconcertante hasta divertido.
Para empezar, deberíamos ir cortando con todo lo que sea relacionado con lo que lleva sellos de obligación, más o menos oculta, externa o autoimpuesta.

Por ejemplo, ayer podría haber estado en un evento lúdico, en teoría, relacionado con esa labor de la que hablaba al principio, y que me ha resultado tan complejo dejarla en pausa unos días. El acudir me hubiera conllevado, además de un saber estar, y un trabajo de asimilación de información extras, el organizarme después para poder reflejar todo lo que se espera de esa asistencia. Eso ya era tener que estar pensando en cómo volver, cuándo volver, con qué volver, y hasta en dar alguna explicación por el camino si alguien se impacientaba con esa vuelta.

Me empecé a encontrar mal físicamente, pero bastante mal, y entre eso, y que esperaba una visita (que luego no se dió), decliné la invitación, y decidí comenzar mis vacaciones en ese preciso instante.

Al cabo de unas horas, una amiga me invitó a asistir a un encuentro de yoga y música en la playa con fines solidarios, y cena en plan picnic. Sonaba bien, así que allá que me fuí al día siguiente.

Sobre el yoga, no sé si es que no consigo conectar con esta disciplina, porque creo que me ha gustado una sola sesión de todas las que he asistido, y han sido unas cuantas, que no era el día, que ese tipo de yoga no es el mío, o una combinación de todas. En un momento ya no pude con tanto mantra, y, discretamente, me levanté de mi toalla, y me fui al agua, que me apetecía más.

El concierto, muy flower power, aunque las voces y la música eran agradables, pero las letras...rollo colegio de monjas, pero sin monjas, no sé si me explico.

Y la cena, muy tardía, apenas alcanzábamos a ver lo que teníamos delante. Podíamos llevarnos a la boca igual una aceituna que una piedra. Hay quien paga un pastizal por cenar en un restaurante exclusivo en el que te vendan los ojos para cenar. A mí me salió más barato.

Allí coincidimos con un conocido de una amiga mía, al que pronto se le vió el plumaje. Iba muy de progre, de centrado consigo mismo, de haberse trabajado mucho a nivel interior, y de ser el más molón del lugar, pero cayó por su propio a los 5 minutos de comenzar la conversación.

Hablando de cómo habíamos sabido del evento, yo le comenté que por mi amiga, que me había enviado un mensaje, y quise probar; a lo que él respondío que era una suerte tener amigas así de animosas, porque los suyos, si no hay cerveza, no quieren ir a ningún sitio.

Me salió solo, y le dije que, para mí, la cerveza y la espiritualidad no están reñidas, se puede ir uno a una actividad de este tipo, y luego tomarse unas cañas. Sin embargo, él se parapetó en su postura tajante, y de que para él no, que el vino sí, pero la cerveza no (¿reminiscencias judeocristianas?)
No le dije más que esa era su opinión, y que era respetable, pero que no coincidímos, y que hay muchas formas de entender la vida. Y ahí fue cuando saltó la chispa: que yo tenía ganas de discutir.

¿Perdón? ¿Desde cuando exponer una opinión diferente a la tuya desde el respeto, con la misma libertad que lo haces tú, y con esa misma solvencia, es querer discutir? Que yo sepa, yo no estoy intentando imponerte mi realidad, pero tú sí tratas de que te dé la razón, ¿quién crees que tiene ganas de discutir?¿Quién está mostrando menos tolerancia y respeto?

Si tan espiritual eres, si tan por encima estás de esos amigos que beben cerveza (ergo, no son espirituales y son entes más primitivos y embrutecidos -según tú-), ¿cómo no eres capaz de tener esa apertura de miras? Es más, ¿Cómo te consideras amigo de personas a las que crees inferiores a ti? La espiritualidad conlleva una mayor carga de tolerancia, de mente abierta, de respeto por las personas y por la libertad de obra y pensamiento del resto de las mismas sin sojuzgarlas, y, sobre todo, sin menospreciarlas, o tacharlas de conflictivas sólo porque sacan a relucir tu inseguridad en tus propias ideas, o porque beben cerveza.
Yo no estoy diciendo que sea más espiritual, ni mejor que tú. Tengo mis fallos, por supuesto, pero no voy de santa perfecta. Creo que mejor te vas tratando lo del ego, que te va a dar mejor resultado que una sesión de yoga y cánticos.

Si hubiera tenido ganas de discutir, te hubiera soltado todo esto, pero simplemente te dije que hay muchas formas de entender las cosas con una sonrisa en la cara.

Y yo hubiera preferido irme a tomar una cerveza, la verdad. Tras el bañito en la playa, eso sí.

viernes, 22 de julio de 2016

La mujer de la terraza jardín.

Hay terrazas que da gusto ver, balconadas llenas de flores con un gusto exquisito. Son pequeños oasis entre tanto asfalto, tanto grito, tanto ruido, y tanta nube gris, literal o no.

Uno de esos pequeños paraísos floreados crecía muy cerca de mi casa; concretamente, en el edificio de enfrente. Una pequeña, pero enérgica mujer, cuya jornada comenzaba antes de las 6 de la mañana, era su orgullosa propietaria.

Nunca le ví hacer nada en sus macetas, más allá de regarlas de vez en cuando por la noche, cuando baja el calor, para que no se cuezan las raíces -eso me dijo una tarde de verano-. Quizá esas labores de mantenimiento y ornamentación se daban antes de que comenzara el día para mí. Yo suelo tardar más en abrir las persianas de mis ojos. Si sé de su afición al madrugón es porque, por circunstancias, alguna vez coincidimos en horarios (días que empiezan antes, noches que acaban más tarde, o que, simplemente, no acaban)

Me encantaba salir a la terraza, mirar hacia abajo, y encontrarme ese vergel tan bonito y cuidado, con flores tan sencillas como son los geranios. Creo que no los valoramos todo lo que se merecen. Un día hablamos de ellos, si queréis.

Pero un día ese precioso jardín desapareció.
Comenzaron unas interminables obras en el barrio, cuyo plazo de finalización se extiende, y se extiende (ya dudamos de que tenga un final), y esta mujer recogió, una por una, con mimo, con delicadeza, todas sus plantas y flores, vació la terraza, y cerró sus puertas.
La idea era que el cemento que iba a flotar en le aire en nuestra calle por unos 2 meses no matara a sus pequeños y lindos seres vegetales criados con tanto cariño y esmero.

No sé qué hizo con ellos, porque fue entrando el verano, y asumí que se los llevó a algún lugar donde ella veraneara. Siempre tuve la esperanza de verlos asomar de nuevo un día al despertar, pero no ocurrió.

La siguiente vez que se abrieron las puertas de esa terraza, a finales de agosto de ese mismo año, lo único que había era el brazo del sillón que ya estaba allí, unas piernas de mujer que no eran de mi vecina, y un libro. En la terraza, colgando de la barandilla, sólo había una toalla de playa, colgada de forma casi descuidada, como se suele hacer cuando alquilas un piso para tus vacaciones de verano.

Pensé que, quizá, le había cedido la casa a algún familiar, o incluso había decidido sacarle partido a la propiedad alquilándola ese verano, ya que ella no iba a estar. Sin embargo, la terraza, pasadas un par de semanas, se cerró, y ya sólo la había vuelto a ver abierta un par de horas cada X tiempo, supongo que para realizar tareas de limpieza.

Supe que la mujer de esa preciosa terraza jardín no volvería cuando, hará 5 días, un instalador de telefónica trabajaba colocando cables para darle servicio de internet a los que son, ahora mismo, mis nuevos vecinos, una pareja oriental con un niño de unos 8 años.

Desconozco el paradero de mi antigua vecina, si está bien, si vive, o qué fue de sus plantas. Espero que, esté donde esté, sea feliz, y pueda disfrutar de su bonito parterre, tanto o más como lo disfrutaba yo, tanto o más como lo disfrutaba ella.

jueves, 21 de julio de 2016

Idiotizados

Sí, idiotizados, cada día, un poco más.
Decían que la televisión era la caja tonta, eso es porque no sabían lo que se nos venía encima con los móviles, las redes sociales, y, ahora, las aplicaciones de realidad virtual en forma de videojuego. Me refiero, cómo no, al Pokemon Go de las narices.

No me entendáis mal, a mí me gustan la tecnología, los móviles, internet, los avances; pero, sobre todo, me gusta la humanidad, el contacto real, el hablar de tú a tú, el interactuar en vivo y en directo. El resto es para cuando existe una distancia física o una circunstancia que impide esa realidad física.

Me parece patético quedar con alguien y ni mirarle a la cara porque estás más pendiente de las notificaciones que de su conversación. Es más, hay quien queda y se habla a través de alguna red social cuya aplicación tenga en el móvil, ya sea facebook, o cualquier otra. Para eso, no quedes, sinceramente. Conmigo, no.

Es de traca el grabar mensajes de voz y esperar la respuesta inmediata en el mismo formato, cuando, si esas dos personas tienen coincidencia temporal, cosa que demuestra esa inmediatez de envío y respuesta, lo más lógico sería entablar una conversación real, una llamada delasdetodalavida, que me parece más interesante, más humana, y más abierta.
Lo de los mensajes de voz está bien para momentos puntuales, y para cuando no esperas que el otro te pueda responder, pero si es que sí, llama, coño, llama.

Otra cosa es el wassapeo. A veces, aunque se pueda estar comunicando por wassap, la conversación viva no es posible, porque el elemento voz puede generar cierto conflicto. Hay circunstancias y circunstancias. Ahora, si preguntas por wassap si puedes hablar, y te dicen que sí, pero que prefieren escribirte que dejarte oir su voz a tiempo real, y escuchar la tuya, más vale que termines esa conversación ipso facto.
¿Radical? Un poco, mira, tengo el nivel de admisión de tontería justito para aguantar media mañana.

Ahora, lo del jueguecito de marras del Pokemon Go, ya es de órdago.
Por si hay algún despistado, Pokemon era una serie de animación japonesa (creo, oriental es) en la que unos críos iban por el mundo "cazando" extraños animalillos con ciertos poderes que, como todos los bebés, de pequeños son muy monos, pero, cuando crecen, algunos dan miedo.
Luego se batían en duelos, y el ganador se llevaba los Pokemon del otro, si no recuerdo mal. Tened en cuenta que a mí, cuando empezó la moda de este tipo de series de animación, me dejó de interesar ver la tele en esas horas. El exceso de histrionismo, las ralentizaciones eternas, y los efectos estroboscópicos me provocaban rechazo y aburrimiento a partes iguales.

La historia es que, hace nada, se ha sacado una aplicación para el móvil que no sólo te permite ir por la calle coleccionando estos Pokemon virtuales, sino que incluso te incita a salir a por ellos. Es de lo poco positivo que le encuentro, que mueva culos adheridos a la silla a realizar algo de actividad física, que buena falta nos hace.
¿Sabíais que España encabeza el nivel de obesidad actualmente? Vergonzoso y preocupante, no por estética, sino por salud.

No es el juego, es el jugador. Es como cuando salió el tema de los juegos de rol. Habrá quien se ampare en un artificio para hacer cosas absurdas; pero es que el nivel de estupidez, incoherencia, y falta de responsabilidad, se ha disparado en los últimos años a niveles estratosféricos.

En relación con el juego, es asombroso cómo, de repente, casi "necesitan para vivir" tener la aplicación y jugar, y competir como si te fuera la vida en ello, coleccionando. La máxima de más, mejor, más rápido, que es lo que nos ha traído a esta crisis mundial, y que tan inculcada tenemos.
Luego ya están las artimañas, más o menos limpias, que use cada uno durante el juego. En eso no voy a entrar, porque ahí se apañen.

Por otra parte, se vuelven locos por los animalillos virtuales, mientras el número de animales reales que son maltratados y abandonados sigue aumentando. ¿Dónde está la empatía, la responsabilidad, la humanidad? No es incompatible, además. Puedes salir de caza de Pokemon con tu perro, pero recuerda que al perro hay que cuidarlo, alimentarlo, quererlo, etc. Durante toda su vida, aunque se haga viejo, aunque enferme. Es un contrato real y vitalicio.

Siguiendo con la tontuna generalizada y cómo los móviles y el mundo virtual nos ha abducido hasta niveles en que no es que exista inteligencia artificial, es que la natural a veces se pierde por el desagüe, os pongo un ejemplo:

Sin ir más lejos, hace nada sufrimos un apagón que afectó a un área bastante grande, y estuvimos así por un tiempo bastante prolongado. En ese lapso, comprobé la involución que ha sufrido el ser humano en algunos aspectos:
1.- No saben manejar una linterna. Usan la aplicación del móvil, pero enfocan hacia arriba, cegando a los pajaritos, si los hubiera por la noche. Si quieres ver, dirige la luz hacia el punto objetivo, que es, normalmente, hacia delante. A no ser que seas Spiderman y camines por las paredes.

2.- Pasan de un nivel de cabreo extremo al olvido absoluto. Un hombre, porque edad de chaval ya no tenía, iba hablando a voz en grito con su móvil (o contra él, no lo tengo claro), quejándose del apagón, de lo que le iba a costar cumplir con sus planes, de lo mal que trabajan los de Iberdrola, etc,..
De repente, se para, caza un Pokemon, y se le pasa. Ya no se acordaba ni de que no tenía luz por la calle, que ni la linterna activó.
¿Cómo lo sé? Fácil, estaba en mi terraza, disfrutando de la tranquilidad, el silencio, y el aire fresquito, y justo fue a parar debajo de donde yo me había asomado, así que veía perfectamente su pantalla.

3.- Esto no tiene que ver con los móviles, pero sí con la capacidad de raciocinio y la imaginación.
Unas chicas, muy indignadas ellas por no tener luz en su casa, se preguntaban, casi recriminando, por qué en otras casas sí tenían luz.
Vamos a ver, alma de cántaro, ¿tú has oído hablar de velas, de linternas, de lámparas que van con pilas, o incluso de luces de emergencia? Pues eso.


Muchos temas, muchos palos que tocar, muchos flecos que rematar, pero ya os lo avisé ayer: tengo ganas de contar cosas, y, como me enrolle con cada una de ellas, me hago otra versión de El Quijote.

Y no, no tengo instalado el Pokemon Go. Yo era más de marcianitos.

miércoles, 20 de julio de 2016

Volver (sin la frente marchita)

Hola, vecinos.
No sé si habrá alguien por ahí. Entre mi ausencia durante meses (veo que la última entrada es de mediados de marzo), y el verano, quizá esté hablando sola. Tampoco es algo preocupante, hablar solo es una forma de ordenar las ideas, y auto-recordarse detalles, que nunca viene mal.

Vuelvo, no sé por cuánto tiempo, ni con qué frecuencia, pero vuelvo. Y lo hago por el mismo motivo que me inspiró a abrir este blog: porque lo necesito. Es algo tan visceral como eso. Esa especie de naúsea interna que necesita volcarse hacia fuera en forma de palabras me puede. Quizá sea eso, o algo de ansiedad, desorientación...que es verano, que me siento inspirada,..buscad vosotros los motivos, yo sólo sé que hoy estoy aquí, y que quiero contar y compartir muchas cosas. O a mí me parecen muchas. Ya veremos cuándo se cierra el grifo.

Hay novedades: internas, externas, reales, no tan reales,... Vamos, que tenemos temas sobre los que comentar con unas cañas o un té frío (o lo que os plazca)

Voy a quitar las sábanas, limpiar el polvo, recolocar los muebles,...lo normal cuando llegas a casa tras un largo viaje.
Nos vemos pronto.


lunes, 14 de marzo de 2016

Niño grande

Lo volviste a hacer.
Vas rascando, rascando, hasta que lo consigues, una y otra vez.
Otra vez te colaste tras la puerta que tantas veces, y de tantas formas, te he cerrado; otra vez volviste a crear un atisbo de ilusión, de novedad, de algo limpio y fresco; y otra vez volviste a romper el encanto con una traición que ya esperaba.

No diré que otra vez caí en la trampa, porque ya hasta dudo de que lo sea, y porque, aunque me gustaría confiar en esa nueva realidad que se esfuma tras un velo de humo, no me la creo. Aún no.

Quizá esta sea tu forma de conducirte en el mundo, de relacionarte, tu esencia natural, y ni siquiera tienes consciencia del daño que puedes hacer a tu alrededor. No lo sé francamente, porque ni creo que finjas que sientes lo que dices que sientes, ni creo que tus actos nazcan desde la maldad, aunque sí desde cierto capricho de ese niño interior malcriado y egoísta que a veces te domina.

Es más, creo que a la persona que más daño haces es a ti mismo, y me apena que así sea, pero es tu elección.

Te deseo suerte. Siempre me alegraré de verte, pero no volveré a jugar contigo. No a este juego. Ese tiempo ya pasó.


viernes, 29 de enero de 2016

Tuya, mío, nuestros...ex

A veces el pasado vuelve y te muerde el culo. Y te despierta.

Iba yo con un globo importante, causado por la resaca de un medicamento, cuando reparé en una curiosa pareja conformada por una mujer alta, rubia, y algo corpulenta (de grande, no de gorda), abrazada a un hombre al que le sacaba dos cabezas (vale, una y media), y mi yo interno, carente de filtros, me dijo, "las hay a las que les gusta llevar los hombres en formato llavero".

Según enfocaba el rostro de ella me resultó familiar, pero fue cuando reparé en él cuando me dí cuenta del momentazo con cotilleo auxiliar que estaba sucediendo: él había sido un rollete mío hacía más de una década, y ella...ella era tu ex-mujer.

No me cabían los ojos en la órbitas, ni las ganas de contártelo en el cuerpo, con lo que nos gustaba a nosotros una buena tertulia con chismes y café...

Luego recordé nuestra historia. Me acordé de que ese personaje había desaparecido de mi vida, por suerte, antes de conocerte a ti, y que ella apareció en la tuya poco después de que me dieras puerta de una forma un tanto extraña.
Aún con nuestro expediente, pasar de él a ti es un avance, lo contrario, un retroceso importante (desde mi punto de vista y experiencia personal, claro)

Me vinieron imágenes de nuestro último encuentro, cuando coincidimos tu ex, tú, y yo en un evento, y descubriste que nosotras nos conocíamos y nos caíamos muy bien, que yo la conocía a ella antes que a ti, y que, probablemente, si me dabas oportunidad de volver a entrar en tu vida, no saldría de ella con tanta facilidad. O sí. O quizá fue mi imaginación la que inventó esta última parte.

Y, para completar el cuadro, desempolvé todos los archivos mentales sobre informaciones tuyas directas o indirectas recibidas en los últimos años, obsoletas hace ya más de un lustro. Y me dió pena, mucha pena, no poder contarle un cotilleo tan jugoso al que fue mi amigo, o más, a quien aún echo de menos, y al que me gustaría volver a ver.

La vida se divierte cruzándonos de vez en cuando, aunque sea de esta forma sibilina y extraña. Ojalá, un día al que me encuentre sea a ti, y podamos ponernos al día.

jueves, 21 de enero de 2016

Gatos Pardos

Mis circunstancias laborales habían cambiado recientemente, y, sin saber muy bien como, me condujeron, de nuevo, a París.

La jornada había sido muy larga.

Tras un día lleno de recepciones, presentaciones, reuniones, y otras "-ones", lo único que me apetecía era descansar, pero el equipo decidió celebrar una cena de despedida, y me animé enseguida.

Subí a mi habitación, me puse un bonito vestido que había echado en la maleta "por si acaso", y bajé dispuesta a disfrutar de una divertida velada con mis compañeras.

Cuando salimos del Bistró, nos estaba esperando aquél chófer que tanto me recordaba a quien no quería ni mencionar.

La charla que mantuvimos durante el trayecto de regreso las tres mujeres que ocupábamos el asiento trasero del coche fue lo suficientemente amena como para distraerme de esa presencia en ausencia, pero no lo suficientemente interesante como para despistarme de aquellos ojos que miraban furtivamente de tanto en cuanto a través del espejo retrovisor, y que yo también buscaba.
No podía evitarlo, el magnetismo que ejercía aquél fantasma del pasado sobre mi, se proyectaba sobre este, hasta ahora, anónimo personaje, con el que me cruzaba por segunda vez.

Llegamos al hotel, nos abrió la puerta, se despidió, y entramos al hotel sin mirar atrás. Una a una, abandonamos el ascensor para dirigirse, cada cual, a su correspondiente habitación.

Lancé los zapatos, me desprendí de mi vestido, me duché, y puse la televisión para ver si me entraba la modorra y Morfeo decidía acompañarme, pero debía de estar muy solicitado, porque no me envió ni un triste wassap.

Tenía el nervio metido en el cuerpo, necesitaba aire, así que me vestí de nuevo, de forma informal esta vez, y bajé a la calle, sin saber muy bien qué era lo que pretendía hacer.
La recepcionista se sorprendió de verme de nuevo, y me preguntó si estaba todo en orden. Le respondí que sí, y que iba a hacer ejercicio. Fue lo primero que se me ocurrió.

Sólo quería salir del hotel, respirar aire de la calle, aunque estuviera incluso más contaminado que el que nos proporcionaba el sistema de ventilación del edificio, pero se me hacían las paredes cada vez más estrechas, y no sabía por qué.
Quería mezclarme en la noche, recuperar mi biorritmo, formar parte de la vida propia de una ciudad cualquiera a esas horas de la noche, anónima, sin formalismos. De noche, todos los gatos son pardos, quería ser uno de esos gatos.

Giré hacia un lateral del hotel, y me paré antes de decidir qué dirección tomar. Todas resultaban igual de buena o mala idea en ese momento. Una voz desconocidamente familiar me sorprendió a mi espalda:
- "¿Fuma usted?"- me preguntó el chófer que nos había traído hacía un rato, mientras me ofrecía un cigarro.

- "No. Y usted tampoco debería hacerlo."- Le respondí de forma cortante y seca. Me había sobresaltado, ¿qué narices hacía por allí?¿No se había ido, o es que había vuelto?¿Y por qué, en cualquiera de los dos casos?

- "Lo sé, es un mal vicio."- dijo con una sonrisa de medio lado mientras encendía el pitillo. Me recordaba tanto a Víctor, tanto...

- "Y, si lo sabes, ¿por qué lo haces?"- Le ataqué directamente, perdiendo la distancia del usted, y retándolo.
- "De algo hay que morir, y entretiene mientras tanto."- Me dijo como el que habla del tiempo.

Odiaba esas respuestas típicas de fumador, no me hacían gracia, así que corté por lo sano.
- "No te lo crees ni tú. Buenas noches."- Le respondí dándole la espalda, y entrando de nuevo en el hotel. Se acabó el paseo.

Regresé a mi habitación, más alterada aún que antes. Me volví a dar una ducha rápida, y, mientras pensaba en lo absurda de la situación, me quedé dormida.
A Morfeo le va la marcha.


martes, 19 de enero de 2016

Querida amiga, ...

...hoy me he acordado de ti. O tú de mi. No lo tengo muy claro, porque hacía mucho que no venías a visitarme en sueños, y recuerdo que, hace muchos, muchos años, cuando estábamos unidas, solía ocurrir siempre que me necesitabas cerca. No nos hacía falta ni hablar para entendernos.

Luego llegó un tiempo turbio, gris, turbulento, en el que los egos, las mentiras, y otras historias que no tengo intención de remover, nos enfrentaron, nos separaron, y nos dañaron profundamente. A nivel personal, y en cuanto a esa relación amistosa se refiere.

Sí, hicimos las paces, firmamos una tregua cívica, falsa, como casi todos los tratados de paz cuando aún las heridas no se han cerrado, y los firmantes se miran con rencor, y de reojo. Luego la vida puso tierra de por medio. Mejor dicho, fui yo. No fue por eso, pero fui yo.

De hecho, cuando hace unos años intentaste contactar de nuevo, no entendí tu interés en recuperar una relación marchita y muerta. No estaba en un momento de apertura, precisamente, pero no me voy a escudar en eso. Simplemente, no creía que pudieras aportarme nada, ni yo a ti tampoco, y con un par de mensajes te despaché. Cordialmente, pero no hice por reanudar la relación.

Sin embargo, hoy me gustaría volver a hablar contigo, saber de tu vida. Hoy somos otras personas, lejos de aquellas que una vez casi se destruyeron mutuamente. Hoy podemos afrontar ese pasado sin dolor, y puede que un futuro sin resquemor.

Puede que sea egoísta, que ahora sí porque quiera yo, pero no es así. No se trata de apetencia, sino de posibilidad. Hoy estoy preparada, entonces no lo estaba. No lo sabía, pero no lo estaba.

Quizá ya llegue tarde, y tal vez deba ser así. O tal vez no. No lo sé. En cualquier caso, sólo quiero que sepas que espero que te vaya muy bien en la vida, que seas feliz, que tengas gente que te valore y que te quiera, y que te quieras tú. Y, respondas o no a la llamada, que respeto tu decisión, la entiendo, y la acepto.

El mundo es grande, y dudo que conozcas este pequeño lugar, pero, si por uno de esos casuales, te encuentras esto, te reconoces, y me reconoces, dame un toque. Tú sabes cómo encontrarme. Yo a ti, aún estoy averiguando cómo.

Un abrazo.