domingo, 31 de julio de 2016

Vacaciones, cerveza, y espiritualidad.

Habrá quien piense que, con tantas ganas que tenía de escribir otra vez, parece mentira que haya desparecido una semana. Pues sí, mira, así son las cosas. Que tenga ganas de escribir no significa ni que vaya a hacerlo cada día, ni que pueda hacerlo cada día.

Como ya habréis observado, mi ritmo con este blog es bastante irregular. De veras que intento corregirlo, pero no me sale. Me lo podré de propósito de fin de año y esas cosas (si me acuerdo)

Ayer mismo comenzaron mis vacaciones oficiales. Y son oficiales porque, oficialmente, me he obligado a tomármelas, y no ha sido fácil.

Pese a que llevo disfrutando de tiempo libre de obligaciones un mesecito, las tareas que una se autoimpone son más peligrosas de degenerar en rutina esclavizante en cuanto te descuidas. Con eso de que el tiempo es tuyo, que el ritmo lo marcas tú, etc, caemos en la falsa ilusión de que hacemos las cosas porque nos apetece, y un día descubrimos que planificamos absolutamente cada paso, cada frecuencia, cada idea, ...y eso, salvo que seas un obseso del orden, no es disfrute. El disfrute tiene que ver más con el relax, con la improvisación (aún dentro de un orden), y, sobre todo, con la libertad de movimiento. Pero cuando tú misma te encorsetas en una dinámica, ese gozo puede llegar a desaparecer, y, antes de tomarle manía a algo que te aporta mucho, y bueno, es mejor parar y respirar.

Por eso, esta semanita he hecho un sprint, me he organizado, he terminado con las tareas pendientes y me lo he dejado todo ordenado, bonito, y cerradito para poderme dedicar, como mínimo, un par de semanas, al dolce far niente. Me he dado vacaciones de mí misma. A ver qué tal se me dan, porque con eso de que no soltamos el móvil así nos maten, que estamos todo el día enganchados a las redes sociales y medios de distracción masiva, y que solemos buscar el perpetuar nuestras costumbres allá donde vamos, es complicado, más, si te quedas en casa.

Personalmente, creo que es más fácil romper ese círculo vicioso cuando te vas unos días a otro lugar, con otras personas, otra casa, otra ropa, y te tienes que amoldar a lo que haya. Aunque hay quien se lleva la casa puesta, y no sabe desconectar el correo del trabajo. Cuando vuelvas, si se ha quemado la oficina, mala suerte, no era tu turno.

Sin embargo, poner el freno de mano y generar nuevas rutinas para una temporadita, aunque sea en tu residencia habitual, puede ser desde desconcertante hasta divertido.
Para empezar, deberíamos ir cortando con todo lo que sea relacionado con lo que lleva sellos de obligación, más o menos oculta, externa o autoimpuesta.

Por ejemplo, ayer podría haber estado en un evento lúdico, en teoría, relacionado con esa labor de la que hablaba al principio, y que me ha resultado tan complejo dejarla en pausa unos días. El acudir me hubiera conllevado, además de un saber estar, y un trabajo de asimilación de información extras, el organizarme después para poder reflejar todo lo que se espera de esa asistencia. Eso ya era tener que estar pensando en cómo volver, cuándo volver, con qué volver, y hasta en dar alguna explicación por el camino si alguien se impacientaba con esa vuelta.

Me empecé a encontrar mal físicamente, pero bastante mal, y entre eso, y que esperaba una visita (que luego no se dió), decliné la invitación, y decidí comenzar mis vacaciones en ese preciso instante.

Al cabo de unas horas, una amiga me invitó a asistir a un encuentro de yoga y música en la playa con fines solidarios, y cena en plan picnic. Sonaba bien, así que allá que me fuí al día siguiente.

Sobre el yoga, no sé si es que no consigo conectar con esta disciplina, porque creo que me ha gustado una sola sesión de todas las que he asistido, y han sido unas cuantas, que no era el día, que ese tipo de yoga no es el mío, o una combinación de todas. En un momento ya no pude con tanto mantra, y, discretamente, me levanté de mi toalla, y me fui al agua, que me apetecía más.

El concierto, muy flower power, aunque las voces y la música eran agradables, pero las letras...rollo colegio de monjas, pero sin monjas, no sé si me explico.

Y la cena, muy tardía, apenas alcanzábamos a ver lo que teníamos delante. Podíamos llevarnos a la boca igual una aceituna que una piedra. Hay quien paga un pastizal por cenar en un restaurante exclusivo en el que te vendan los ojos para cenar. A mí me salió más barato.

Allí coincidimos con un conocido de una amiga mía, al que pronto se le vió el plumaje. Iba muy de progre, de centrado consigo mismo, de haberse trabajado mucho a nivel interior, y de ser el más molón del lugar, pero cayó por su propio a los 5 minutos de comenzar la conversación.

Hablando de cómo habíamos sabido del evento, yo le comenté que por mi amiga, que me había enviado un mensaje, y quise probar; a lo que él respondío que era una suerte tener amigas así de animosas, porque los suyos, si no hay cerveza, no quieren ir a ningún sitio.

Me salió solo, y le dije que, para mí, la cerveza y la espiritualidad no están reñidas, se puede ir uno a una actividad de este tipo, y luego tomarse unas cañas. Sin embargo, él se parapetó en su postura tajante, y de que para él no, que el vino sí, pero la cerveza no (¿reminiscencias judeocristianas?)
No le dije más que esa era su opinión, y que era respetable, pero que no coincidímos, y que hay muchas formas de entender la vida. Y ahí fue cuando saltó la chispa: que yo tenía ganas de discutir.

¿Perdón? ¿Desde cuando exponer una opinión diferente a la tuya desde el respeto, con la misma libertad que lo haces tú, y con esa misma solvencia, es querer discutir? Que yo sepa, yo no estoy intentando imponerte mi realidad, pero tú sí tratas de que te dé la razón, ¿quién crees que tiene ganas de discutir?¿Quién está mostrando menos tolerancia y respeto?

Si tan espiritual eres, si tan por encima estás de esos amigos que beben cerveza (ergo, no son espirituales y son entes más primitivos y embrutecidos -según tú-), ¿cómo no eres capaz de tener esa apertura de miras? Es más, ¿Cómo te consideras amigo de personas a las que crees inferiores a ti? La espiritualidad conlleva una mayor carga de tolerancia, de mente abierta, de respeto por las personas y por la libertad de obra y pensamiento del resto de las mismas sin sojuzgarlas, y, sobre todo, sin menospreciarlas, o tacharlas de conflictivas sólo porque sacan a relucir tu inseguridad en tus propias ideas, o porque beben cerveza.
Yo no estoy diciendo que sea más espiritual, ni mejor que tú. Tengo mis fallos, por supuesto, pero no voy de santa perfecta. Creo que mejor te vas tratando lo del ego, que te va a dar mejor resultado que una sesión de yoga y cánticos.

Si hubiera tenido ganas de discutir, te hubiera soltado todo esto, pero simplemente te dije que hay muchas formas de entender las cosas con una sonrisa en la cara.

Y yo hubiera preferido irme a tomar una cerveza, la verdad. Tras el bañito en la playa, eso sí.

2 comentarios:

  1. Pues lo has dicho tú claro: cayó por su propio peso, la criatura.
    Me alegro de esas vacaciones forzadas, aunque sí, como dices, es más fácil cuando uno "se va", pero estoy segura de que te van a sentar muy bien.
    Por cierto,me encanta el avatar, lo acabo de ver. Es genial.
    Un besazo!

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    1. Pues tiene años ya el avatar...
      Gracias, guapa!

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