miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Cuánto dura el verano?

Hoy es un día tormentoso, y, aunque sé que aún nos quedan muchas jornadas de sol, días de asueto, playa, y terraceo, para mí, el verano terminó hará unos 3-4 días.

No es que se hayan acabado mis vacaciones, y me ponga dramática por eso, sino que, como ya expliqué cuando abrí este blog, hay una serie de señales ambientales que, en mi opinión, nos dan la pista de que algo está cambiando: el tipo de luz, la hora en que amanece ya no es tan temprana, el atardecer llega antes, incluso el aire huele diferente.

Como dije en aquél post, suele haber una tormenta por medio que nos indica el punto de inflexión. 
Esta mañana, el reloj no marcaba ni las 7:00 cuando sentí caer una lluvia intensa. "Ya está aquí", me dijo esa vocecita interior que me confirmaba lo que hacía varios días venía rumiando y que no compartí en público porque decir que se ha terminado el verano antes del 10 de agosto puede provocar un cisma cultural, y hasta costarte el exilio, y estoy de vacaciones, recordad.

Pero ese no es el tema principal de hoy, sino algo a lo que le llevo dando vueltas varias semanas, ¿Cuánto dura en realidad el verano?

En nuestra mente, si nos ceñimos a cómo nos preparamos para él, parece que unos 6 meses. Hacemos con mucha ilusión compras específicas de ropa de la que no nos pondremos ni la mitad, entre la que podemos incluir varios modelos de bikinis, bañadores, y zapatos que se quedarán por estrenar no un verano, sino puede que varios.

Eso, por no hablar de la cantidad de maquillaje, geles y cremas de olores especiales, y todos los botes, formatos, y texturas de protectores solares que atesoramos en un momento, por si hay una invasión alienígena y son fotosensibles. Cuidado, no me parece mal estar bien provista de estos productos, y usarlos todo lo necesario y más, pero recordad que hay más botes en las tiendas, que no hace falta tenerlos todos en casa, y que caducan. Un fotoprotector que se ha abierto no conviene guardarlo de un año para otro.

También planificamos nuestras vacaciones con esmero, con tantas actividades que muchos necesitan vacaciones de las vacaciones porque llegan agotados de lo que, se supone, es su momento de descanso y desconexión. ¿No sería más rentable quedarse con la mitad del tiempo planificado, y dejar que la improvisación rellene el resto? Esa es parte de la gracia del verano, un tiempo de impass en la que nos dejamos llevar un poco más que el resto del año, lleno de notitas en las agendas, y obligaciones por doquier.

Nada más lejos de mi intención decirle a nadie cómo vivir su verano, pero, ¿no os da pena comprobar que se ha terminado la estación estival antes de lo que nuestros botes de cremas y geles veraniegos han visto el fondo, antes de haber conseguido estrenar todos los modelitos especiales?¿Antes de haber visto a todos los amigos que querías ver, y tomarte esa caña de última hora con ellos porque estabas haciendo un viaje que podrías haber finalizado un día antes?

A mí, en parte, algo sí.

2 comentarios:

  1. A mi de pequeña me duraban los veranos eones...ahora me duran suspiros.
    Pero como para mi volver a la rutina es una especie de "año nuevo" que afronto con ilusión y fuerza nueva...no me entristece que acabe el verano, en absoluto (es más, a estas alturas, suelo tener ya hasta ganas de "volver a lo mío", la verdad).
    Un besazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En tu caso, sí, pero cuando el verano no ha sido un tiempo de descanso, lo echas de menos.
      Un abrazo!

      Eliminar