domingo, 20 de noviembre de 2016

Mudarse sin moverse.

Me he mudado. Al menos, esa es la sensación que tengo.
No he cambiado de casa, pero me he mudado.

Muchos vecinos que estaban han dejado de estar, y ahora hay otros muy diferentes a los que apenas conozco de vista. No es que a los otros los conociera mucho más, salvo notables excepciones, pero el cambio en la configuración humana, se nota.

Ese cambalache ha traído también un escenario diferente, ya que las terrazas y zonas externas han cambiado de aspecto, y, en muchas ocasiones, no para bien, precisamente. Pasar de ver un jardín precioso a una terraza con dos sillas y una bolsa de basura es deprimente.

Los sonidos tampoco son los mismos. Hay otros idiomas y otras voces, otra forma de hablar, y hasta otro volumen, no siempre cordial, o no siempre oportuno.

Muchos de los locales de negocio de la zona que llevaban años, o han cerrado, o han cambiado de propietario, o han abierto otra cosa en el cerrado, o un poco de cada. Por lo tanto, hasta mis costumbres de compra se han modificado por arrastre.

Por si esto no fuera suficiente, las obras urbanísticas, que dudamos terminen algún día, están transformando nuestras calles, dándoles un aspecto con poco sentido para el tipo de zona que es, y eliminado muchas zonas de aparcamiento sin crear una alternativa al respecto. Sí, las aceras son más anchas y modernas, pero cuando los edificios son, en su mayoría, antiguos, y no tienen plaza de garaje, es como para sentarse con quien ha diseñado este plan y preguntarle seriamente si tan siquiera se ha dado una vuelta por la zona antes de modificarla.

El ámbito laboral no se ha librado. De la noche a la mañana, me he topado con un nuevo equipo de trabajo que, como previamente trabajaba unido, te considera a ti la nueva, y ha habido que hacer un trabajo de adaptación mutua que nos ha llevado más de un mes;aparte, los temas inherentes al desarrollo de la labor que, más o menos, parecen haberse encarrilado hará 4 días exactos.

Si a todo esto le añadimos temas familiares que hacen que la configuración existente se resquebraje y cause inestabilidad y una creciente sensación de desconcierto, os puedo decir que tengo la incómoda impresión de haberme mudado sin moverme, por apurar, ni de mi habitación.
Y lo peor es que ni quería hacerlo, ni me gusta. Vamos, que me han mudado sin permiso.

A ver si acaban de colocar los muebles, y empiezo a ponerlos yo a mi gusto, porque con tanto movimiento, me mareo.

2 comentarios:

  1. Es triste la mudanza que nos narras. Los cambios son inevitables, es la vida fluyendo, pero las trastadas urbanísticas nunca son de agrado.
    Feliz domingo!

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    1. Si fueran sólo las urbanísticas...
      En fin, habrá que seguir surfeando.
      Besos!

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