domingo, 11 de diciembre de 2016

La bolsa

Me senté en un banco de aquella plaza para recomponerme.
Tras una mañana intensa de gestiones y compras, necesitaba hacer recuento de tareas, adquisiciones, tickets, y hasta efectivo disponible en la cartera.

Unos niños jugaban alrededor. Ya no es fácil ver niños jugando entre ellos, todos parecen más entretenidos escondiendo la cabeza tras la pantalla de móviles y tablets, pero me sacó una sonrisa ver que aún hay esperanza para las nuevas generaciones.

Algo sucedió durante el juego, y, cuando me quise dar cuenta, uno de los niños corría hacia una bolsa que parecía dejada por descuido, o por incivismo, fuera de un contenedor. Vi cómo su pierna retrocedía, el talón se alzaba, y cogía impulso para propinarle una estupenda patada a aquél objeto abandonado, sin motivo alguno, más que la naturaleza impulsiva de esa edad.

Noté cómo se me aceleraba el pulso y se me cortaba la respiración, me vi a mi misma saliendo de mi cuerpo, gritando ¡NO!, advirtiéndole del peligro, mientras esperaba el estruendo que precede al pitido de oídos, a la tierra ejerciendo como proyectil contra nuestras caras y cuerpos, al destrozo que provoca un explosivo.

Recordé en un momento todas las advertencias que nos hacían cuando yo tenía la edad de estos chicos: no golpees las papeleras, no des patadas a ninguna bolsa o bote abandonado, no recojas mochilas que no conozcas ni les des ningún golpe, aléjate de los coches de policía cuando veas 2 o 3 aparcados juntos y varios agentes, pasa de largo si te encuentras con alguna detencíón, cambia de dirección si es preciso y evita mirar fijamente la escena, ...

El pie del crío alcanzó la bolsa, y sólo salió un montón de basura de ella, pero podría haber sido mucho peor.

Yo fui niña en los 80, y aún hoy lo soy por un segundo. Un segundo de terror.

2 comentarios:

  1. Y lo peor es que esa posibilidad sigue a la orden del día, aunque sean otras organizaciones las que nos causan el terror.
    Un besazo!

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    1. No sé si es peor que existiendo esa amenaza no seamos conscientes de ella, o serlo.

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